Mallorca-Athletic, el inicio de una rivalidad

El Mallorca puso freno a la ilusión del centenario

El Athletic vivió su centenario en la temporada 1997-98. Así lo atestiguaba el dibujo de la camiseta de aquella temporada. Un año especial en el que se recuperó el uniforme original del club como segunda equipación.

El Athletic tomó los colores azul y blanco del Blackburn Rovers inglés como propios a principios del siglo XX. En uno de los viajes de los encargados del club en el que tenían la misión de comprar nuevas zamarras, comprobaron que faltaban existencias de las camisetas que en principio iban a ser adquiridas. El equipaje del Southamptom fue la solución; de ahí que el Athletic forjara la saga de su historia vestido de rojiblanco.

Si algo distingue al Athletic Club del resto de equipos, son dos cosas: la singular filosofía del equipo y su reinado copero. Pese a que el Barcelona haya superado ya a los vascos en número de entorchados, el Athletic será siempre el rey de copas. El torneo del KO está pensado en barro y construido en tradición. El estadio rojiblanco representa la más tupida estampa de la competición; remontadas imposibles, dramáticas eliminaciones, golpes que derraman sangre y goles que se recordarán durante más de cien años.

El Athletic de Bilbao quería ganar la copa de 1998. Olvidado ya el "a mi Sabino, que los arrollo" de principios de siglo, el equipo se concentraba en seguir las órdenes de un francés muy especial. Luis Fernández, natural de Tarifa, no hubiera podido jugar en el Athletic ni aunque su fichaje se hubiera puesto a tiro. Amante de los toros y de la buena gastronomía española, Fernández se adaptó a Bilbao como si fuera un vizcaíno más. En su primera temporada clasificó al Athletic para la Copa de la UEFA. Con estas credenciales, el club estaba dispuesto a dar guerra en el año de su centenario.

Dispuesto a todo y con el equipo armado del año anterior, el fichaje del bético Roberto Ríos por 2000 millones de pesetas de la época, debería ser la guinda de un equipo que deseaba volver a ver inscrito su nombre en el epígrafe de algún trofeo.

Etxeberría y Guerrero

Fernández armó un gran bloque sin duda. Con Imanol Etxeberría en la portería, la fortaleza de Ríos y la experiencia del retornado Alkorta en defensa, el sistema defensivo del técnico de Tarifa sufrió una sensible mejora. Fue un gran año para Alkiza, que vería recompensado su esfuerzo tiempo después con su convocatoria para la selección española. El mejor Julen Guerrero, la eficacia de Urzáiz y la sibilina calidad de Joseba Etxeberría, encumbraron al Athletic a los primeros puestos de la clasificación.

Eliminados de la Copa de la UEFA frente al Aston Villa, la Copa del Rey quedaba fijada como el camino más sencillo que conduciría a la felicidad al equipo vasco. Tras una remontada épica ante el Extremadura, el Mallorca era el penúltimo escollo de los bilbaínos para llegar a la preciada final.

Pocas veces ofreció la afición del Athletic tantas ganas por llegar lejos en la competición copera. Jugar la final en el año del centenario sería el mejor premio para los seguidores de una filosofía legendaria y centenaria.

Las hostilidades entre Mallorca y Athletic habían comenzado hacía poco tiempo. Los insulares estaban firmando una gran temporada desde la llegada al banquillo de Héctor Cúper. La rivalidad entre las dos aficiones comenzó a ser muy fuerte, casi tempestuosa. El 2-1 del partido de ida a favor de los vascos dejaba la eliminatoria en el aire. El Lluís Sitjar debería dictar sentencia.

Palma se vistió de guerra para recibir a un Athletic vestido de Blackburn Rovers. La historia centenaria del club se ponía en juego en 90 minutos de auténtico espíritu copero. El cartel del encuentro presentaba a un Luís Fernández valiente, que guardaba en el fondo de sus esencias el jugo del fútbol francés heredado en los ochenta. Cúper, por su parte, tenía en el trabajo y la presión el decálogo de su carta de presentación en la liga española.

Pero en aquel encuentro de cuartos de final, Fernández se acobardó y especuló con el resultado de la ida. Un Mallorca espoleado por las intenciones de su público, no dejó respirar al equipo vasco. A falta de pocos minutos, el talento del serbio Stankovic decantó la balanza para el cuadro bermellón. El gol bloqueó el instinto de los leones; los Alkiza o Etxeberría siguieron perdidos hasta el final del duelo. La gesta del Mallorca le llevó hasta la final de la competición. La herida escoció de tal manera al club, que muchos dieron la temporada del centenario por perdida, pero restaba una sorpresa a final de temporada.

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La gabarra no fue paseada por la ría bilbaína, pero no obstante, miles de seguidores del Athletic de Bilbao disfrutaron como hacía años que no se veía en la capital del Botxo.

La Liga de campeones, Etxeberría y un viernes inolvidable en el centenario rojiblanco... pero esa es una historia de la que hablaremos en otra ocasión.

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