Un Madrid - Barça a la hora del aperitivo dominical

Hace poco más de un año, un debate absorbía la actualidad de nuestro fútbol: la posibilidad de que el Clásico de la Liga se celebrara un lunes. Cuando el aficionado parecía haber digerido que ese partido en concreto abandonara la noche de los sábados en abierto, el hecho de sacarlo del fin de semana parecía una broma pesada por parte de los 'dueños reales' de nuestro fútbol.

Al final el resultado eclipsó cualquier queja de los aficioandos y zanjó el debate, cuando en la vuelta, en aquel horroroso mes de abril, recuperó 'su horario primitivo' e incluso perdió su tensión en medio de la semifinal de la Champions y la final de Copa (partidos todos ellos en abierto).

Pero a falta de un mes y medio para volver a vivir la previa de un nuevo partido del Siglo, comienza la polémica con el horario elegido para el envite. Según avanzó ayer Abellán en su programa de radio en Punto Radio, el Madrid - Barça de la primera vuelta se jugaría el domingo 11 de diciembre a las doce del mediodía.

El horario sería una contradicción más dentro de este nuevo formato maratoniano de emisiones que está viviendo nuestro fútbol. Primero se nos vendieron los partidos a las doce y a las cuatro (los que más se salían de lo habitual) como un guiño al 'goloso' mercado asiático, ya que sería partidos en su prime time.

La lógica apuntaba a que Barça y Madrid, los dos equipos que más pasiones levantan en el Lejano Oriente ocuparan gran parte de esos horarios, pero Roures sorprendió declarando que ninguno de los dos gigantes jugaría a esas horas lo que algunos tomamos como un detalle para el 'consumidor nacional' (y también un feo detalle para con el resto de los equipos).

Ahora, según esta filtración, el partido que más expectación centra fuera de nuestras fronteras, sí que debería ocupar el horario de máxima audiencia asiático... mientras que aquí, algún joven se lo pueda perder por 'dormir la mona' e incluso otros tenga que pensar en faltar un día a misa por ver el fútbol. Pero seguro que a quienes deciden los horarios e incluso los hosteleros se frotan las manos pensando en cómo funcionarán las altas a los canales de pago que emitan ese partido o como se llenarán los locales para tomar una caña y algunas tapas mientras se ve el partido.

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