¿Guardiola se quiere ir?

El entrenador del Barcelona añora la libertad

Guardiola/lainformacion.com/Getty Images Guardiola/lainformacion.com/Getty Images

Mourinho es un entrenador que tiene cosas que pueden sacar de quicio al más calmado de los seres mortales. Soberbio, maleducado, altivo, prepotente. Pero es un tipo que va de cara, no esconde que es un ser extraño, irracional en muchas ocasiones. Aunque su renglones puedan estar torcidos, siempre escribe en recto.

Pep Guardiola es la antítesis de su homólogo madridista. Con el talante firme, el discurso pausado, con la calma del ganador, con muchas veces la falsa modestia del que se sabe ampliamente superior a casi cualquier equipo del mundo, cuando habla, parece que el tiempo se pare. Aunque su discurso empieza a incomodar a ciertos sectores del barcelonismo.

Su última intervención con Fernando Trueba fue el último capítulo. Su petición de más libertad, la angustia de sentirse atado a un contrato largo, el desafío de “cuando no me quieran o me canse me iré, o si se cansan de mi, me echarán”. Eso jamás saldría de la boca de Mourinho. El luso a lo sumo llegaría a decir “me voy”. Aunque con su tono irreverente, sin duda.

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¿Esto cansa a la afición del Barcelona? ¿Agota al fútbol? ¿Guardiola se intenta convertir en víctima de sí mismo de manera permanente? ¿Por qué esa insistencia en salir antes si quiera de haber arrancado una nueva temporada y cuando su contrato expira en enero? ¿Necesita que le estén adulando de forma permanente?

Sus desencuentros con Sandro Rosell, su cercanía a Joan Laporta por temas ajenos al deporte, sus intentos de no que querer mal con su entorno cercando, su maneja cual maestro de los medios. Es el Houdini de los momentos delicados. Se escapa de una manera excepcional. Nunca está en el lugar inapropiado.

El fútbol debe estar agradecido a Guardiola. ¿Lo está Guardiola al fútbol? ¿Porqué ese perfil de mártir de no se sabe qué causa de forma perpetua? No le hace falta. Su aura mística, antes incluso de sentarse en el banquillo del Camp Nou le permite estar por encima de lo humano y lo divino. Con dos Champions más en su palmarés, su nombre siempre estará en las letras de oro del Barça.

El victimismo de Guardiola se hacía atractivo en su origen. Ahora quizá se torna cansino. Y eso coincide con un Mourinho más humano, que seguro que vuelve por sus fueros, porque al final caerá en su propia trampa. Pero el futuro de Pep sigue en el aire. Y lo hace porque él quiere, porque lo propicia, lo proclama, y viendo su modo de actuar, quizá porque lo necesita.

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