El Hércules se hundió

Un año ha aguantado en primera

Drenthe con el Hércules/lainformacion.com/EFE/Archivo Drenthe con el Hércules/lainformacion.com/EFE/Archivo

Para quien no sea habitual seguidor de la Liga Adelante, habrá que ponerle en precedentes sobre el Hércules. Logró el ascenso quizás más tarde de lo que su fútbol merecía porque regaló tardes de alto nivel en la divisón de plata y sólo derrotas puntuales retrasaron algo que desde diciembre parecía claro.

Este ascenso fue el premio a una fuerte inversión por parte de Enrique Ortíz y la dirección desde 2004 de Valentín Botella. Entre la gestión de ambos, evitaron la quiebra del club, saldaron las deudas y recuperaron el estadio al recomprarlo al Ayuntamiento de Alicante. Manteniéndose a una distancia prudencial del departamente deportivo que, con una fuerte base institucional detrás, se veía con la seguridad para realizar una escalada desde la Segunda División B hasta la Liga BBVA en cinco años.
La idea a la hora de confeccionar la plantilla, no fue revolucionaria, jugadores que destacaban en Segunda B o en equipos con menos potencial económico en Segunda junto a veteranos de Primera.

La mejor muestra, como no, es la plantilla con la que consiguió el ascenso que tal vez fuera algo veterana con jugadores como Calatayud, Rufete, Farinós, Tote, Sendoa... pero cohesionada.
Quizás por ello, aprovechando la vuelta a la máxima categoría, se optó por rejuvenecer al mismo tiempo que se reforzaba al primer equipo.

Pero, a pesar de un buen inicio, con las sonadas victorias en el Camp Nou y ante el Sevilla, su mala trayectoria fuera de casa, con más de mil minutos sin lograr un gol, y la imposibilidad de Esteban Vigo en armar un equipo con diez jugadores nuevos (y doce bajas) con respecto al año anterior, metió al equipo en una dinámica negativa que fue apartando poco a poco a los herculanos de la zona tranquila para dirigirlo al azufre de la tabla.

Drenthe como ejemplo.

Tres nombres brillaron con fuerza en la ciudad alicantina e incluso en el panorama liguero nacional: David Trezeguet, Haedo Valdez y Royston Drenthe.
Tres incorporaciones de un alto nivel que sorprendieron a propios y extraños por lo extraordinario de la llegada, sobre todo de los dos primeros, de jugadores de ese corte a un recién ascendido.
Los nombres de Ortíz y Botella volvían a aparecer para explicar la posibilidad económica de realizar estas operaciones.

El rendimiento de Trezeguet y Valdez ha sido correcto. El galo, lejos de su mejor momento físico, sí que ha sumado mucho con sus goles y su experiencia dentro del área. Mientras que el paraguayo, ha sido quien movía el ataque blanquiazul desde la zona de segunda punta, llegó a sonar hasta para el Madrid en el mercado de invierno.
Lo de Drenthe ya tiene más miga. Cuando ha saltado al campo con ganas de jugar ha sido determinante, incisivo por la banda y clave en las jugadas de ataque, pero ha dado más que hablar por sus lesiones, sus plantes y su vida personal. Y para muchos, fue quien desató primero una fractura en el vestuario, y después la realidad de los impagos del Hércules.
¿Cómo era posible que el equipo que había animado el mercado veraniego no les pudiera pagar?

A partir del affaire Drenthe, el equipo cayó en picado en cuanto a juego y resultados y a pesar del oasis de cuatro puntos en dos partidos en el arranque de la era Djukic, pronto se volvió a la realidad.
Ahora el Hércules está en una situación que, si bien podría ser acorde con la de un recién ascendido, choca con la de un equipo tan ambicioso al incio de la Liga.

Y así, el Hércules reabre el debate sobre hasta qué punto se debe ‘desarmar’ el núcleo del equipo que te da el ascenso, hasta cuando hay que respetar el bloque que tiene automatismos adquiridos y si es correcto hacerlo en una sola temporada.

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