El esperpento se acabó, de momento

Los clubes desactivan la huelga sin lograr nada a cambio

De esperpento. Sólo así se puede calificar todo lo relacionado con la huelga que la patronal del fútbol español había preparado para este fin de semana y que ha desconvocado detrás de los focos y sin conseguir ninguna de sus reivindicaciones.

La Liga de Fútbol Profesional decidió ayer que este fin de semana haya fútbol en primera y segunda división, antes incluso de que se pronunciase la jueza Purificación Pujol, que esta mañana ha desestimado las medidas cautelares que pedía la LFP y ha determinado que este sábado y domingo deberá haber fútbol. La intervención de Jaime Lissawetzky, secretario de estado para el Deporte, ha forzado a los clubes a echar marcha atrás y empezar a negociar con el Gobierno desde una posición más sensata. Las discrepancias en el seno de la LFP, con seis equipos en contra de cierre patronal, la imposibilidad de modificar la Ley de Interés General en tan poco tiempo, y los rumores que apuntaban ayer que la jueza iba a fallar en contra de la patronal del fútbol, han obligado a la cordura. Por el momento.

Javier Tebas, abogado, ex directivo del Alavés, ex vicepresidente de la LFP y principal cabecilla de la revuelta, se apresuró en llamar en las últimas horas de ayer a todos los clubes profesionales. Ahora hay prisa, puesto que en el caso de que la jueza hubiera autorizado hoy la huelga, la Liga debería haber convocado una reunión extraordinaria de urgencia y desconvocar el paro. Un sinsentido más para toda esta historia.

Lissawetzky apura sus últimos días antes de abandonar el cargo de máximo responsable del Consejo Superior de Deportes. El viernes dejará su cargo para centrarse en la campaña para elecciones a la alcaldía de Madrid y quería evitar a toda costa marcharse con mal sabor de boca. En la reunión de ayer con José Luis Astiazarán, presidente de la patronal, y Tebas, ofreció una hoja de ruta para negociar sus peticiones, eliminar el partido en abierto y aumentar el dinero que los clubes reciben de las quinielas. Como contraprestación, se especula con que se les prometió un poco más de manga ancha en la deuda que tiene el fútbol español con Hacienda.

La LFP está a punto de vivir un cisma. Ayer dimitió el vicepresidente primero y representante de la Liga BBVA, José María Cruz. El directivo del Sevilla, uno de los clubes que se negaba al 'lock-out', se marchó ayer como protesta al reparto de los derechos de televisión que demandan todos los clubes excepto el suyo, Athletic Club, Villarreal, Real Sociedad, Zaragoza y Espanyol.

Ni Gobierno ni ninguno de los principales partidos de la oposición se han mostrado a favor de cambiar la legislación que impide que todo el fútbol sea de pago. A menos de un año para las elecciones generales y a un par de meses de las autonómicas y municipales, nadie se quiere presentar como quien acabó con el fútbol gratis, por muy demagógico que suene el comentario. La LFP no ha conseguido nada con sus pretensiones y, tras la decisión de la jueza Pujol, se ha quedado en una posición más que complicada.

Y es que el daño al fútbol español podría haber sido grande. Además de la mala imagen que se daría al exterior, se habría dejado a los operadores extranjeros sin fútbol este fin de semana. El calendario avanzaría de forma viciada una semana en el tiempo, cambiando los partidos que se entremezclan con convocatorias de selecciones y con los partidos europeos. El 'playoff' de ascenso a la Liga BBVA se podría haber alargado hasta julio e incluso un puñado de jugadores se hubiera visto obligado a retrasar su boda, prevista para final de temporada.

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