Copa Sudamericana: La Liga acomete otro Maracanazo

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Ya conocía de estas mieles. Ya sabía bien la Liga, aunque no la de Fossati, lo que era triunfar en el Maracaná. Bah, triunfar no sería la palabra exacta. Más bien salir airoso de ese máximo templo del fútbol mundial, ese auténtico coliseo repleto de historia que oficiaba de sede para el partido de vuelta de la final de la Copa Sudamericana. Allí había conseguido ganar la Copa Libertadores de 2008. Y allí también fue donde los ecuatorianos consiguieron su segundo título continental. Mucho tenían a favor, sobre todo ese enorme resultado de la ida (5-1). Pero poco a poco las cosas se fueron poniendo de cara. Es que el Fluminense -dos veces rival, dos veces derrotado- se encargó de que nada fuera sencillo para ellos.

Lo tenía claro Fossati para este encuentro de Copa Sudamericana: lo ideal era dejar que el rival fuera el que propusiera y tratar de hacer correr los minutos lo antes posible. Al fin y al cabo, cuatro goles de diferencia en una final a doble partido parecen mucho. Pero, vamos, 90 minutos en el Maracaná son muy largos, parafraseando la eterna sentencia de Juanito. Y mucho más si en el camino aparece un impresentable del arbitraje como lo es Carlos Amarilla (el típico trencillas casero por demás y siempre dispuesto a ser el protagonista del juego) y un equipo que, sabiéndose dueño de casa, estaba totalmente convencido de la remontada. Tal es así que la prematura -e injusta- expulsión de Ulises de la Cruz trastocó los planes de un colectivo que se limitó de allí en más poner el autobus sobre su área y apelar a la heroíca de Claudio Bieler como el respirador artificial que le permitiera una bocanada de aire bien lejos de la portería propia.

¿Un 5-1 es mucha diferencia para una final? Seguramente no lo es tanta si te vas al descanso 2-0 abajo, en el Maracaná, con más de 90.000 hinchas del Flu enfervorizados en tu contra y con 10 jugadores entre tus filas. Si los 45 minutos iniciales habían sido largos para la Liga, los segundos lo serían aún más. Aún así, fue más el local a quien se le fueron agotando piernas y cabeza. Llegó el 3-0 por intermedio de Gum, pero a Fred, la figura tricolor, se le dio por pasarse de listo en su protesta a Amarilla. ¿Resultado? 10 contra 10, aunque Campos se encargó de dejar a los ecuatorianos con 9. Y con muchos minutos por delante todavía.

De todas formas, las ideas y la capacidad ofensiva del Flu se habían agotado hace rato. Era pura frustración por parte de jugadores e hinchas brasileños: una vez más se habían quedado a un triz, a una mínima distancia de saberse vencedores, pero exactamente el mismo rival se había encargado de ajusticiarlos. Atención a los de Fossati: han logrado construir un núcleo importante de jugadores, de tener un sistema de juego siempre pensando en la portería del rival, tienen una de las localías más fuertes de la competición y también un grupo de hombres que sabe sacarle réditos de sobra a esta condición y la tan temida altura. De mantener esta base, tendrá muchas chances de pelear en la próxima Libertadores de tu a tu con cualquiera. Enhorabuena, campeones.

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