El "Superclásico": el único partido capaz de paralizar a un país entero

 

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Mientras todo el mundo se encuentra palpitando el derbi que se vivirá dentro de poco más de una semana entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, clásico que puede estar teñido por el pasillo de rigor que los catalanes deberían hacerle a los merengues de consagrarse en este fin de semana, otro partido de tamañas características, otra batalla de rigor de esas que adquieren ribetes épicos va a disputarse el próximo domingo. Boca Juniors y River Plate reeditarán por enésima vez una de las contiendas deportivas más vibrantes que puedan verse sobre la faz del planeta tierra. Y de esto no tengo la menor de las dudas.

Dos idiosincracias, dos maneras de vivir el fútbol se estarán poniendo a prueba mutuamente este domingo en la Bombonera. El marco de público, como lo impone la situación, será de antología, en ese estadio donde el graderío está prácticamente dentro del campo de juego y donde siempre los locales cuentan con ese factor extra a su favor. Pero del otro lado vendrá un equipo en plena formación, que no se amilana en situaciones de ese calibre y que marcha como líder de la competición. Y así podremos ver de un lado a los goles inverosímiles de Martín Palermo, los desbordes de Palacio, el talento atemporal de Riquelme o el juego post resurrección de Jesús Dátolo, mientras que en el bando contrario estarán el vértigo de Alexis Sánchez, la movilidad impredecible de Diego Buonanotte, el punch goleador de Radamel Falcao y, ojalá, la presencia del enorme Ariel Arnakldo Ortega. Pasado, presente y futuro del fútbol argentino se conjugan en 90 minutos de fútbol.

Por más que los hinchas de Boca quieran pretender detentar una enorme paternidad sobre el cuadro de Nuñez, tal afirmación es una verdad a medias: en los últimos años la diferencia se ha ido reduciendo hasta quedar clavada en cuatro, correspondiendo esta cifra a la competición local. Curiosamente, la situación que se daba en la década del 90 ha pasado a ser inversa. Antes era el club de la ribera quien se llevaba los superclásicos por escándalo, pero veían como los títulos locales e internacionales eran una cuenta pendiente e iban a parar a las manos de su némesis. Ahora sucede exactamente lo contrario: los de Nuñez baten con más frecuencia a su acérrimo rival, pero escasean los logros pretendidos, que van a parar a las arcas xeneizes. Algo similar sucede en las gradas. Mientras "los borrachos del tablón" son el eje del mal en cuanto a violencia futbolística en el tenebroso presente del balompié en Argentina, antes "la 12" era la que ocupaba ese sitio en los periódicos. Parece que estos dos equipos se aferran en demasía a la "cultura del aguante" (resumiendo: fanáticos hinchas de su hinchada y no de sus jugadores) cuando merman los logros.

Boca y River se verán nuevamente las caras, poniendo en vilo a una nación entera. El juego aguerrido, el "vamo' Boca, ponga huevo", ese fútbol asfixiante y tremendamente físico y desbordante (con los aportes de calidad de Riquelme, claro está) que plantea el equipo dirigido por Carlos Ischia se verá las narices con el intento europeizante de dinámica y precisión en velocidad que está intentando imponer Diego Pablo Simeone en la institución de Nuñez. River marcha puntero y no querrá resignar dicha condición. Boca no está lejos y hará lo imposible por recuperar terreno perdido. Pero más allá de las posiciones de rigor y la actualidad futbolística de ambas plantillas, todo queda a un lado. Estos sí que son partidos aparte, jugados más con el corazón que con la cabeza. Si es que la esencia del fútbol aún vive en Sudamérica, creanme que este partido es uno de los más auténticos representantes de ella.

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