El defensor no es una partícula aislada del juego

El defensor es un eslabón sumamente importante para el juego. No debemos alejarlo de él. Hay que agregarlo para que crezca.

En el mundo fraccionable del juego, hay jugadores que pierden la capacidad de creatividad. Al fútbol, cuando se le da un encono de seriedad, se divide en defensivo y ofensivo, y pierde el carácter de abreviatura, de síntesis. Es dentro de este marco, donde al defensor solo le corresponde defender cerca de su propio arco, interpretar las pautas defensivas que se deben llevar a cabo para ser un especialista dentro del área. Esta situación de seriedad y control sobre el juego, construye en un defensor el poco involucramiento hacía el mismo. Es decir, una zona de confort donde generar alternativas dentro de un funcionamiento donde se utiliza la pelota y se gesta el juego de posicion no están dentro del catálogo.

La búsqueda de que un equipo sea lo más versátil posible es saludable ante los diferentes contextos que se presentan en un partido. Esta búsqueda, permite, en este caso a un defensor, reconocer las diferentes necesidades que surgen en un encuentro. Los contextos no son unidireccionales, sino que son diversos: hay rivales que reproducen presiones altas en la primera línea de gestación, hay otros que achican espacios en bloque medio-bajo para ser un equipo compacto, están los que orientan su marca hacia un costado para luego generar compensaciones de apoyo y reducir espacios en ese sector de la cancha, etc. Hay multiplicidad de esquemas, que requieren de una contraprestación: defensores que tengan la ductilidad y la lectura de lo que está sucediendo.

Johan Cruyff decía que jugar bien estaba relacionado con la salida desde atrás. Esto tenía un propósito: edificar una salida desde abajo generaba opciones. La idea era quitar el instinto del defensor a realizar lanzamientos largos, porque eso llevaba a que el juego entre en un escenario de quimera, de incertidumbre, de especulación. El impulso era que el equipo construya juego desde atrás, que el defensor tenga la convicción, la aptitud técnica y conceptual para generar cosas: ser rueda de auxilio posicional en la base de elaboración, ser primer pase, atraer a la marca rival para localizar al hombre libre, conducir y generar superioridades numéricas en diferentes zonas del campo, traspasar líneas, producir diferentes alturas, entre otras funciones.

El inicio de todo es quitarle seriedad al juego. Entrenar el riesgo. Cuando se le quita seriedad, es donde se le otorga poder, obligaciones y posibilidades al jugador de fútbol. En este contexto, donde no hay un exceso táctico sobre la libertad, permite al futbolista, en este caso al defensor, ensanchar el abanico de probabilidades. Es verdad, un defensor lo primero que tiene que hacer es saber defender (ya sea dentro del área o 35 metros hacía adelante), pero también no debe olvidar una cosa: no es una partícula aislada del juego.

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Atlético de Madrid y Lokomotiv de Moscú jugarán mañana miércoles, en campo atlético, el último encuentro de la fase de grupos de la UEFA Champions League

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