Crecer con Tarantino, es crecer con el superclasico.

Se disputó el primer superclásico de los tres que se efectuarán. Un partido discreto que hace falta digerir desde el análisis.

Sali fascinado del cine la semana pasada. Había visto un pagare impagable: Once Upon a Time In Hollywood. Tarantino lo había vuelto hacer. Había colocado al cine por delante en tiempos donde el mundo de la industria solapa al lenguaje cinematográfico. Un instante donde pude deleitarme de un tributo al cine, en una época donde el pensamiento que impera es que a las muchedumbres hay que darle algo sencillo para que lo digiera lo más rápido posible. Bueno: esta obra fascinante que hizo Tarantino no es para masticarlo una o dos veces. Hay que darse su tiempo, detenerse en eras liquidas y desmenuzarla.

En ese marco, no es gratis que se haya acusado a la película de Tarantino de elitista. Sospechada de ser poco condescendiente con el público. De ser una obra que deja relegado a ciertos sectores. Ese concepto de masificación absurda, donde es bueno no saber lo que no saben todos. A partir de este escenario, esta película es reducida desde un pensamiento superficial, de base y se aísla del análisis profundo del estado de cosas. Hasta se perfila a la obra en una situación donde es imposible que crezca y que nosotros crezcamos con ella.

Los planteamientos absolutistas o taxativos tienen la característica de no inaugurar la multiplicidad de factores que tiene un hecho, un evento, un momento, un lugar, un contexto. En su peculiaridad, se espejan lugares comunes que generalmente entran en órbita cuando el superclásico del fútbol argentino está en la mesa de decisiones. Mesa donde poco importa si Boca presentó pocas herramientas para hilvanar transiciones de defensa-ataque. Donde es irrelevante que River debe evolucionar en su instancia creativa, debido a que a veces peca de un juego precipitado y en línea recta cuando la jugada a veces necesita otros objetivos de gestación para potenciar a su juego de sorpresa y precisión.

Es en el clamor popular, donde cada uno arriba por diferentes motivos. Algunos buscan evolucionar con el partido y que el partido evolucione con uno. Se analizan los puntos fuertes y débiles, las cosas que hay que mejorar a futuro, la diversidad de contingencias, etc. Y tenemos a aquellos que buscan la malevolencia, el odio, la degradación, las excusas, entre otro tipo de actitudes que llevan a desprender a la persona de toda posibilidad para ser cada día mejor.

No es algo aislado: nos han enseñado que el fútbol hay que sentirlo antes que razonarlo. La emoción es esencial, pero no hay que fiarse de ella, porque cuando el individuo se sectoriza, es donde se erradica toda posibilidad de reconocimiento, de variables positivas y negativas. Hay que dejar de confiar tanto en uno mismo y cuestionarnos nuestros propios dogmas.

LA APUESTA del día

Betis y Getafe serán los encargados de echar el telón a la cuarta jornada de liga. El Benito Villamarín será testigo de ello.

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