El fútbol ingles y la dificultad del ritmo de juego

El Manchester City salió campeón de la Community Shield al ganarle al Liverpool por penales. Hay un concepto que quiero analizar.

Empiezo diciendo de que no hace falta machacar con un concepto que estoy viendo que aun falta asimilar en el Manchester City de Guardiola. Porque seguramente él lo tiene registrado en su condición de detallista. Es un fundamento que también he visto en nuestro torneo domestico con el Vélez de Heinze y que no está adquirido aún. Este planteamiento se dirige al manejo de los ritmos, de mantener y conservar la posesión para reducirle al rival su capacidad avasalladora.

Bien sabemos que el Liverpool es un equipo que estrangula, que presiona en bloque, que asfixia con el primer pressing y luego las líneas por detrás de esa presión acompaña, compensa, apoya. Una presión con intenciones destructivas y ofensivas. Un equipo apto para esos recorridos conceptuales de recuperación debido a su actitud y aptitud táctica, mental y física. Esto llevó al City a que en el segundo tiempo se despegue de la administración de los tiempos de juego, de la generación de salidas desde el fondo, de la atracción para encontrar espacios entre líneas, de situarse en zonas de riesgo. Algo que a Guardiola lo hace resfriar, porque su energía esta incrustada en la devoción por tener la pelota y si no la tiene, volverla a recuperar.

Sin embargo, el City no volvió a encontrar resoluciones que le permitan manejar los ritmos del juego. Hasta inclusive podemos subrayar que tiene ingredientes lógicos: el Manchester es un conjunto diseñado para ir hacía adelante, para ser voraz, para cosechar segundas pelotas, para saltar líneas a través del pase lo más rápido posible con atracciones, con transiciones rápidas, con jugadores por detrás de la línea de volantes rivales para utilizar la figura del hombre libre, con desmarques de ruptura al espacio. Este planteamiento, tiene un estilo que posee un punto débil: cuando se pierde cohesión de esto, se tiende a la precipitación. Y es difícil cambiar el chip y encausar el rumbo a través de un juego más reposado.

¿Cómo le decís a un equipo que está configurado para tener intensidad ofensiva, que cambie a un juego de mantenimiento y conservación a través del pase cuando se presentan inconvenientes, adversidades, un rival que te supera?. Hay momentos de un partido que necesita del juego de los mediocampistas, de hacer un soufflé a través de la acumulación de pases para absorber ese ritmo alto de juego que posee el rival y anestesiarlo.

Partiendo de este punto, es pertinente recalcar que el fútbol ingles posee una idiosincracia de juego distinta a la del Barcelona. Y que Guardiola reconoce que las convicciones y los dogmas se deben replantear, refrescar, cuestionarse. En el eclecticismo del catalán esta lo que puede ser y lo que no según la adaptación del contexto. Y el City es un equipo con rasgos esenciales de Guardiola (pase, juego de posición, etc), pero sin olvidar al país que recaló (verticalismo, segundas pelotas, mediocampo de transición). A partir de esto, podemos decir que Pep pudo darle a su equipo una cultura del juego, una identidad competitiva.

Un equipo no puede despegarse de sus ingredientes, de su comunidad, de las peculiaridades. Es en el contexto del fútbol inglés, donde las pautas están afianzadas en el salteo de eslabones de juego, donde el entorno te lleva a confundir la intensidad con la inteligencia o a ceder posesión y terreno, donde el correr sobrepasa a la pausa. Es dentro de esta coyuntura, donde los manejos de los ritmos son difíciles de encontrar.

LA APUESTA del día

Barcelona y Betis cerrarán la segunda jornada de la Liga Santander. El duelo se jugará a las 21:00 horas en el Camp Nou.

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