El deportista no es una partícula aislada

EEUU salió campeón del mundial femenino disputado en Francia. Megan Rapinoe manifestó que el deportista es algo más. Desandemos. 

Hay una tendencia de manera preformateada, donde el deporte, mas allá de alguna excepción, no es involucrado dentro de corrientes antropológicas o sociológicas. Su condición de liviandad, la construcción del mote de opio o narcótico de los pueblos hacen que se le quite importancia al deporte como medio de crítica, de lectura fuerte, de concepción amplia de los fenómenos sociales. Es así que el deportista entra en conflicto cuando se manifiesta a través de la palabra.

El fútbol y la palabra siempre han entrado en una trifurca dialéctica. Al futbolista se lo ha acusado de no decir cosas importantes, de tener deficits comunicativos. Y aquellos que han intentado o buscado un pensamiento superior o que invita por lo menos a la reflexión, se los ha menospreciado refregándole la palabra “filosofo” como vocablo peyorativo. Por eso no es una anomalía, que la jugadora estadounidense, campeona del mundo del fútbol femenino, Megan Rapinoe, haga énfasis en que el deportista como todo ciudadano debe tener un compromiso político, en un mundo que se empeña en despolitizar al deporte y al deportista.

No hay analfabetismo peor que aquel que dice “no hay que hacer política” en un sistema de posiciones que se rigen a partir de relaciones de poder. El problema radica cuando esas relaciones se inmiscuyen en lo que necesita el poder para perpetuarse: el no conflicto. No hay democracia sin sujetos políticos que comprendan que vivimos en constante conflicto y que de alguna manera hay que tramitarlo o convivir con él. Es a partir de esto, donde el deportista se manifiesta y es acusado por ese poder que se enmarca como la vanguardia de la democracia, de la paz, del bienestar social. Es ahí donde radica el lunar emparentado con que el deporte y sus integrantes no pueden ser disruptivos.

Partiendo de este punto, el/la futbolista tiene cada vez más responsabilidades. Hay un gran impacto mediático: más seguimiento, más entrevistas, más interacción en las redes sociales. Esto lleva a que también haya más obligaciones: hablar más, saber más sobre diferentes temas. En esta coyuntura, a veces se juega con los intereses del medio. Se juega con lo que requiere el poder para estandarizarse: decir cosas sencillas, situarse en lugares comunes, invitar a la demagogia. Inclusive, los jugadores terminan jugando el juego de ese poder dominante, como escudo defensivo ante tanta exposición, ante tanto prejuicio. Por eso aquel que se sale de ese estándar, es alguien que irrumpe de afuera y es considerado enemigo. El concepto del nosotros somos los buenos y ellos los malos, el anómalo.

De esta manera, es fundamental que el sujeto que esta dentro del deporte-en este caso el fútbol- no es alguien ajeno o una partícula aislada de la sociedad, sino que entienda que todos somos seres políticos y que la política es el instrumento de transformación social y cultural.

LA APUESTA del día

Atlético Madrid y Valencia se medirán en la novena jornada de la Liga Santander. El duelo se jugará a las 16:00 horas en el Wanda.

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