El sufrimiento como religión

La selección argentina empató contra Paraguay y su clasificación a cuartos de final pende de un hilo. Próxima parada: Qatar.

Los acontecimientos que abordan al fútbol no pueden ser desligados de un todo. El jugador esta inmerso dentro de un contexto donde depende de multiplicidad de factores: plan de juego, idea, técnica, autoestima, azar, ánimos, etc. Con respecto a cómo se compensen esos elementos, el equipo jugara mejor o peor, con mayor umbral o menor, con mayor propensión a que el azar le guiñe el ojo o no. Es así que un equipo se va configurando y va acrecentando o disminuyendo su rendimiento.

De esta manera, llegamos a la selección argentina. Un equipo donde se denota la no compensación de las facetas de juego, donde las piezas caen en la intermitencia, en la desconexion, en el aislamiento, en el bloqueo. Es a partir de este punto, donde esas piezas requieren de conceptos colectivos para poder armonizar las diversas personalidades y características. Partiendo siempre, de que estos fundamentos no pueden ser asimilados, adquiridos y adaptados en un ámbito donde no rige el tiempo, el conocimiento y la innovacion. Es decir, crecer en base a la creatividad y no a partir del caos.

Un conjunto requiere de una idea. Si lo digo así, parece algo lógico. Pero tiene un trasfondo este planteamiento: los jugadores toman decisiones por si solos si no hay algo que los sujete y les marque las pautas de juego a seguir. Si no se tiene edificado una plataforma que permita a los futbolistas mejorar sus condiciones, reconocer cómo y donde gestar, presionar, recuperar tras perdida, llegar a zonas de finalización no solo con superioridad cualitativa sino también numérica, es dificil generar probabilidades de juego para llegar a buen puerto.

Es también en este momento, donde uno se plantea: ¿tenemos un entrenador que seduzca con la palabra y que tenga la intuición de gestionar la materia prima que tiene a mano?, ¿hay individualidades versátiles y ductiles que puedan desarrollar muchas cosas del juego como formar parte de la cultura del pase, el agite del ataque y al mismo tiempo auxiliar en transiciones de defensivas?, ¿hay fortaleza mental para sentir y pensar el juego con un mayor grado de placer y de riesgo?.

Ante estas sospechas, hay tres elementos fundamentales: el aprendizaje de los conceptos, entender las virtudes de los futbolistas y la capacidad creativa que te otorga la autoestima para transformar el semblante de un equipo de fútbol. Elementos que reducen las voluntades individuales y acrecienta la suma de las partes, los apoyos, las compensaciones y las complementariedades. Es la capacidad de síntesis de estas tres patas, donde el jugador se siente parte de algo importante. Donde comienza a percibir que hay un funcionamiento que lo acobija, que hay cierto enriquecimiento táctico, intenciones ofensivas, engaño colectivo, movilidad, cambio de posiciones de efectivos que aparecen por lugares pocos sospechados para el rival.

Este último apartado es difícil de construirse si el cambio es constante y sin saber el por qué y el para que de las cosas. Es reduccionista, si partimos de que el éxito y el fracaso debe personalizarse-ya sea Scaloni, Messi, etc. La selección argentina se encuentra distorsionada en su juego, por multicausas, que fueron deshilachando no solo la interacción entre el jugador-juego, sino también el sentido de representatividad, el poder simbólico, la forma de sentir, pensar y ejecutar el fútbol, y convirtiendo el sufrimiento en su religión.

LA APUESTA del día

Fluminense y Ceará se medirán en la jornada 10 del Brasileirao. El duelo se celebrará a partir de las 01:00 horas, en Maracaná.

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