El Ajax: a pesar de las imposiciones económicas

El Ajax dio el golpe en Turín y dio vuelta la serie al ganarle 2 a 1 a la Juventus. De esta manera, se clasificó a semifinales.

Una de las tantas peculiaridades de los clubes es el afán de perseguir el aspecto distintivo que lo represente. Es ahí donde se delimita el poder sociológico que posee el futbol. En la búsqueda de ese elemento diferencial se va generando un sentido de pertenencia a partir de un poder simbólico que se se construye a partir de la historia desandada, los jugadores que dejan huella, los acontecimientos que se van presentando, las creencias que van vistiendo la identidad de un club, etc.

El Ajax de Amsterdam no es un nombre per se. Es un recipiente que posee contenido. Cuando uno comienza hablar sobre este club, rápidamente hay un componente de familiaridad: el juego pulcro. Un funcionamiento que se estimula a partir de patrones: centrales que no fraccionen lo defensivo y lo ofensivo, sino que tengan la capacidad de síntesis para destruir intenciones del rival y construir desde la primera fase de gestación, laterales que permuten por dentro y por fuera, mediocampistas versátiles y dúctiles, delanteros que no tengan un solo radio de influencia, sino que puedan salir de ese circulo y se relacionen con la pelota y el contexto.

No solo el juego asociativo forma parte del leitmotiv de esta institución. Los jóvenes representan una instancia de tutelaje, de entendimiento de los fundamentos del juego, de inculcarles el por qué y el para que de las cosas. En épocas de fugacidad instantánea, donde la ley es el dinero y la compra de estrellas es lo tentativo, el Ajax otorga segundas chances a las bases de crecimiento, busca constituir valores que han formado parte de la tradición del conjunto holandés: tomar decisiones a pesar del error, asimilar conceptos a través de las oscilaciones que presenta un proceso inicial, adquirir las vivencias y las experiencias que uno va atravesando, reemplazar la temerosidad por el atrevimiento, entrenar el riesgo.

El fútbol posee un poder futbolístico y social muy arraigado. Muchos chicos llegan a este deporte con mucha ilusión y pasión. Estas dos sensaciones son acobijadas en Ámsterdam a partir de los formadores, que no buscan la instancia de formación como resorte a primera, sino que cada categoría infantil tiene un proceso diferente, donde el crecimiento es en formato escalera: no se sube del primer escalón al último de un solo tiron, sino que la evolución es gradual. De esta manera, el juvenil pasa de lo micro a lo macro, del detalle al todo, de lo menos complejo a lo mas complejo.

Acá es donde nace la esencialidad del proceso pedagógico del chico: antes de jugar en cancha de 11, se empieza en espacios reducidos de 3v3. La pelota es el medio de comunicación para fomentar afinidades. No se acelera la escalinata de peldaños, si el talento en cuestión no está en condiciones de afrontar obstáculos, contextos y aflorar sus virtudes. El jugador no puede incrustarse en un esquema táctico, si no tiene dentro de sus archivos, la recepción en movimiento, una buena orientación corporal, el manejo de los perfiles, el control que induce a la próxima jugada, el reconocimiento de la marca zonal e individual, etc.

No es gratis lo que esta pasando en el Ajax. El miedo tiende a confundir a los equipos. Equipos que deben inmiscuirse en la autoestima para reducir miedos, para generar anticuerpos, para cimentar antídotos que cambien el miedo por astucia, atrevimiento, personalidad, determinación y valentía. Este equipo, que dio un golpe en la mesa al clasificarse en el Bernabéu y en Turín, se sintió familiar con el contexto en el cual estaba. Nunca se sintió ajeno al entorno, a los desafíos. Y lo que potencia esto, es la media de edad de estos jugadores. Es cierto que la fuente de aprendizaje es inagotable, pero también es visible que la madurez no necesariamente llega en el ápice del retiro del jugador. Cada jugador alcanza ciertos valores de conocimiento, carácter y calidad en distintos periodos. Y mucho mejor, si esto es acompañado por un ecosistema y un modelo de juego que potencia a las individualidades.

Por eso el valor de estas semifinales de Champions: el Ajax ha sufrido el cambio coyuntural que produjo la ley Bosman. Ley que marco un nuevo panorama mundial en este deporte: los clubes compradores terminan aspirando el talento de los clubes vendedores, como el holandés. Este constante cambio genera un perjuicio en la identidad de los clubes y se termina disfrutando de las minorías por sobre las mayorías que terminan relegadas. Es ahí donde se sitúa la lucha del Ajax: a pesar de las imposiciones económicas, la búsqueda de la grandeza está en el juego y las ideas.

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Betis y Getafe serán los encargados de echar el telón a la cuarta jornada de liga. El Benito Villamarín será testigo de ello.

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