Ricardo Centurión: la ruptura del anclaje pedagógico

Terminó la Superliga. Racing salió campeón. Pero en ese proceso, el caso de Centurión dejo tela para tratar de decodificar algunos aspectos.

Hay un modus operandum en la Argentina, donde la noticia contada depende de las barreras sociales en la cual te sitúes. El desarrollo de un acontecimiento, de un hecho depende de que lado te establezcas. Es aquí donde se recrea el doble estándar: el tratamiento de la opinión popular no será el mismo si se trata sobre un “negro de la villa” o si forma parte de un sector más pudiente. Generalmente, si el caso corresponde a la “negrada”, el aspecto mediático deriva a la poca conciencia colectiva, al odio, al morbo, a la exposición, a la condena social. Es en este entorno, donde se sitúa el caso de Ricardo Centurión.

“El villero” siempre esta sostenido por una infamia moral. Su actitud es patológica, salvaje e irracional para el pensamiento dominante. Es ahí donde se planta el juzgamiento malevolente, sin tener la capacidad de entender el capital económico, social y cultural que posee el “otro”. El ser humano no puede ser entendido sin tener en cuenta de que es hablado por el lenguaje y la cultura que lo transforma y lo prescribe. No es una partícula aislada. Hay un proceso de socialización que lo va dotando de una forma de vivir, actuar, vestir, apreciar y percibir no solo a sí mismo, sino también a su entorno.

De esta manera, es sustancial entender al sujeto desde un recipiente lleno, conformando un contra discurso al pensamiento hegemónico, donde el “cabecita” es así porque es su manera de ser, sin dotar al hombre de una trayectoria social que lo constituye. Es por eso, que la importancia de tener interpretes que comprendan al individuo a partir de su historicidad, de sus condiciones sociales y económicas, sin recaer en el dedo señalador y condenatorio, es saludable.

¿Por qué saludable? porque deconstruye dos aspectos comunes en ciertos estamentos sociales: primero, la normalización social donde se divide el nosotros (los buenos) y los otros (los malos), y segundo el pensamiento donde esos otros (el enemigo) debe ser extraído de la sociedad.

Cuando nos situamos en el aspecto condenatorio, reina la prisa y la inmediatez, que no son hijos del entendimiento. Cuando se llega al peldaño de la comprensión, es donde se entiende a Centurión dentro de un proceso de debilitamiento del anclaje pedagógico. Para un chico que ha vivido dentro de un marco de supervivencia, debilitamiento de clase, de pauperización, de miseria, de mala distribución de capitales, el proceso es arduo cuando se quiere impulsar un proceso de reeducación. Esto lleva a cierto preludio que escuche por ahí: primero educa al niño y luego no juzgaras al hombre.

Dentro de ese proceso de reeducación, algunos impulsan estrategias para poder contener, ayudar, acobijar y otorgar capitales al individuo que no posee la legitimación de bienes. Sin embargo, ese proceso no puede hablarse solo desde la lejanía, desde la teoría, desde un sistema de reglas. La práctica, vivir esos procesos en primera persona, lleva a comprender que resignificar a una persona corresponde a la urgencia y a los ritmos que atraviesan las relaciones sociales, donde lo académico no alcanza para desentrañar algunos aspectos: algunos logran adaptarse y reconocen lo que allí se está desarrollando y otros no comprenden el funcionamiento de esas estrategias, como pasa con Centurión.

Es vital interpretar el caso del jugador de Racing, no desde el pensamiento dominante donde la estigmatización esta a la vuelta de la esquina. Es un desafío para nosotros, conformar una lectura fuerte y amplia sobre estos casos. Que supere el sentido común y le otorguemos un criterio crítico.

LA APUESTA del día

Bolivia y Perú se medirán para disputar la segunda jornada de la Copa América. El duelo se jugará a las 23:30 horas en Maracaná.

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