Vinicius Junior: la revolución no totalizante

El brasileño, llegó al Real Madrid, sin demasiados pergaminos. Sin embargo, está dando mucha tela para hablar, entender y aprender

Cada jugador convive con su maduración de diferentes modos. La madurez, en el futbolista, corresponde, no a un plano lineal, sino que se va adaptando al contexto, al formador, a la predisposición y a la inteligencia de cada uno, a la capacidad de recepción de conceptos, modelos de juego e ideas. La prueba y el error, las experiencias y los obstáculos no es una cuestión uniforme. Cada jugador, se empapa de estos elementos de manera diferencial y distintiva.

Una institución, como el Real Madrid, que ha logrado tantos éxitos en el último tiempo, comenzó la temporada dando la sensación de ser un conjunto desgastado, con baja autoestima para pensar, sentir y ejecutar dentro del campo, sin vitalidad. Resulta lógico si lo planteamos en clave “grupo humano”. Un equipo es un ser vivo. No es una foto fija. Es un estado de ánimo. Pero también es altibajos y vaivenes tácticos, conceptuales y de rendimiento.

Reciclar un equipo requiere de muchos elementos: la dinámica del resultado positivo aumenta la prestancia, nuevas soluciones, innovaciones metodológicas de juego que le den al jugador nuevos motivos para competir o una simple referencia individual, que puede generar en el ecosistema un punto de inflexión y modificar malas sensaciones por buenas sensaciones.

El brasileño, Vinicius Junior, revoluciono al Real Madrid. Una revolución que nadie la esperaba y nadie la había previsto. En esta era de globalización, de fugacidad y rapidez, el éxodo de este chico de 18 años al Madrid, acarrea la asimilación de otra cultura, de otro lenguaje, de la nostalgia, del precio gastado por él, del haber sido subestimado, antes de que haya ejecutado una acción de juego, de las obligaciones y presiones de una institución como la del Real. Debo subrayar, de que tampoco me vine venir el impacto de Vinicius.

El Real Madrid necesitaba de un aire fresco, de un impulso que saque cadenas, de un estímulo que libere, saque ataduras y desate nudos. Vinicius antes que una revolución futbolística, fue una revolución emocional. Y es aquí, donde las revoluciones no requieren ser totalizantes. En el futbol, con un simple gesto corporal, con una gambeta que engaña, con el agitar el ataque, produce en el equipo y en el aficionado una vía de escape sentimental: “con este chico somos mejores y producimos algo”.

Este circuito emocional produjo con el tiempo un enlace virtuoso en la plataforma de juego: el equipo merengue, comenzó a jugar con menos complejos, aparecieron micro sociedades como la de Benzema-Vinicius, se redujeron ciertas inocencias individuales y colectivas, los espacios se ensamblaron con mayor efectividad, no solo con pelota sino sin ella.

La irrupción de Vinicius, dentro del Real Madrid, está incidiendo no solo por su velocidad de traslación y física, sino también por sus cualidades cognitivas. Es un futbolista inteligente. Si un jugador se estanca en sus carreras y en su prodigioso físico, no se prolonga en la elite. Sin embargo, el brasileño tiene dentro de sus herramientas el saber cuando acelerar y cuando frenar, en que espacio y tiempo hacerlo, en no mostrarle con antelación lo que más teme al rival, que es el engaño.

Veremos que nos depara este futbolista. Un deportista es lo que es por su capacidad de ser una esponja para adquirir conceptos, enseñanzas, detalles, incertidumbres, certezas, emociones. En ese proceso, el talento es una fuente inagotable de aprendizaje. La primera sensación, es que Vinicius absorbe rápido. Con el tiempo, se vera si ese diamante se sigue puliendo.

LA APUESTA del día

Barcelona y Valladolid se medirán en la jornada 24 de la Liga Santander. El partido se jugará a las 20:45 horas en el Camp Nou.

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