La sub 20 argentina: un espacio de observación y reflexión

El seleccionado sub 20 argentino se clasificó al hexagonal final del sudamericano. Sin embargo, el resultado no debe empañar el contenido. 

Hay un patrón que rige en el seleccionado argentino que es la de haber quedado estancado en una premisa: depender de lo biológico, de la habilidad, de lo innato, de la naturaleza de los jugadores. En esa premisa, nos hemos apartado de un futbol que ha emigrado y de una coyuntura, donde Europa nos ha quitado no solo los jugadores, sino también los conceptos. Alla el futbol es cada vez más coral, horizontal, colectivo, la cultura del pase es más notoria, la distribución de los espacios y la permutación de posiciones posee cada vez más demanda y consumo.

Se esta disputando el sudamericano sub 20 en Chile, en vistas a la clasificación por un lugar en el Mundial y los Panamericanos. La Argentina clasificó al hexagonal final. Pero hace mucho tiempo nuestro futbol adopto como religión, el sufrimiento. Se ha producido un mensaje de hace más de 30 años que a desculturizado nuestro fútbol. El ganar es importante, pero nunca antes se ha sentido tan cómodo. Es dentro de esa desculturización, donde no hay tiempo de ensayo para armonizar a los diferentes solistas. Donde el juego que se propone depende mucho más del talento que del juego. Donde se corre más de lo que se piensa. Donde se va hacia ciertos sectores de la cancha para chocar y no para ir hacia lugares menos poblados.

Dentro de esa degradación de nuestro futbol, es donde los tiempos no tienen correlatividad con un proyecto. Proyecto que debiera acobijar lo que la Argentina ha perdido con el correr del tiempo: la calle como espacio de educación. Los espacios suburbanos, han perdido espacios sociales por multicausas. Pero esos espacios, hacían del gen argentino un lugar de expresión y representatividad, donde las clases populares encontraban un lugar de belleza, donde potenciaban su astucia y su picardía. La utilización de las velocidades no solo de la gambeta sino también del pase, el manejo de la pelota, las orientaciones corporales y el impulso del amago como engaño eran los rasgos.

Ante este escenario, el aparato dirigencial no ha manejado lo logístico y lo económico en virtud de lo futbolístico. El jugador que llega con la idea infantil y pasional de jugar al fútbol requiere de dos patas: una infraestructura y formadores. Y lo que se ha perdido en la Argentina es la palabra formar. Los chicos esperan del que esta del otro lado, un conocimiento que le otorgue herramientas, ideas, soluciones, conceptos para comprender e interpretar las diferentes necesidades que surgen dentro del campo de juego.

El formador debe tener conocimientos específicos sobre como amparar a las categorías infantiles y juveniles: no debe subir la escalera cada tres escalones. El chico en sus inicios debe cultivarse con su mayor acto pedagógico: el juego. Debe jugar, jugar y jugar. El primer formador de un chico, es el juego relacional con la pelota y sus compañeros. Luego viene el formador, con rostro, que debe dotar de metodologías y soluciones al juvenil y respetar los procesos de maduración, como punto importante para entender que cada jugador tiene sus peculiaridades, para reconocer que fundamentos del juego plasmar y de qué manera potenciar virtudes y reducir defectos.

Sin embargo, el costado formativo tiene sus elementos negativos: las edades más tempranas se topan con un entorno donde es más importante el ganar que el tutelado de su crecimiento como futbolista. Lo tecnocrático ha llevado al entrenamiento a un campo de trabajo, trabajo y trabajo, donde la apología del sacrificio está a la orden del día. El formador usa las categorías menores como resorte o trampolín para dirigir en primera. El paso formativo, tiene una tendencia a seleccionar quienes son aptos y quienes no para escalar peldaños, y se relega el guiño pedagógico.

El parlamento formativo debe otorgar confianza. Debe donarle al chico, que recién empieza, atrevimiento y acomplejamientos. Quitarle temerosidad y miedo. El deber ganar y el miedo a perder son una tara para el infanto. Ahí pierde la capacidad de riesgo. Entrenar el riesgo es lo primordial: un defensor debe ser determinado para conducir y dividir al rival, debe encontrar una línea de pase y no saltarla, un mediocampista debe no solo reconocer el juego de espacio-tiempo, sino también tener la rebeldía de asaltar el balcón del área rival no solo sin pelota, sino con ella, y el delantero se descuelgue para relacionarse con el circuito de juego.

El seleccionado sub 20 argentino clasifica y compite mientras no juega bien. Mientras tanto, debemos rever el contenido del envase, que se ha precarizado.

LA APUESTA del día

Chile y Uruguay se citarán para disputar la tercera jornada de la Copa América. El duelo se jugará a las 01:00 horas en Maracaná.

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