La sentencia de Gerard Piqué

Abril-Mayo, encarrilando el final de temporada. Y Piqué, muy centrado. El FC Barcelona está a diez finales de su tercer triplete en 10 años.

Gerard Piqué. Foto: Getty Images Gerard Piqué. Foto: Getty Images

¿Se acuerdan del famoso "se queda"? Pues bien, era lo mejor que al barcelonismo le podía haber pasado. El Madrid venía de ganar su segunda Champions consecutiva, y nosotros de hacer una campaña donde lo máximo que celebramos fue una histórica remontada y un gol de Messi en el Bernabéu. Todos nos temíamos lo peor. Valverde se encontraba con un puzzle a falta de piezas, sin ideas claras y sin muchas esperanzas de ser terminado. Eso sí, con un jugador único que hacía encajar, de una u otra manera, todos esos huecos. Con unos guerreros que lo habían ganado todo, pero que tenían ganas de seguir dejando huella. Con un Suárez que se quedaba atónito ante la marcha de su inseparable amigo Neymar, con un Iniesta pensando en su futuro, con un Sergi Roberto echándose a las espaldas la responsabilidad que nunca antes había tenido. Con un Ter Stegen dispuesto a ofrecerse de muralla para que ningún ataque les derribase. Con un Jordi Alba mentalizado para ganarse también el puesto de extremo por si alguna vez hiciera falta un delantero más. Con un Busquets sencillo, preciso y con ganas de tomar el timón de un barco sin rumbo. Con un Gerard Piqué herido por su orgullo, sintiendo que el mundo se le venía encima, sin la seguridad de poder hacer frente a una avalancha de destructores que pregonaban nuestro fracaso antes de tiempo.

¿Se acuerdan de las burlas que el barcelonismo recibía por parte de todos los sectores del país? Ni Paulinho, que para algunos fue el detonante, ni aquel vapuleo madridista en la Supercopa que parecía ser nuestro entierro, ni la adopción del 4-4-2 con el que se rumoreó una supuesta traición a nuestra filosofía. Nada podía con un señor que aún seguía confiando, que tras mil batallas, seguía en pie dispuesto a pelear con sus mejores armas. Aclarando, para gusto de muchos, su situación política dentro de una selección donde prima la amistad, jugándose la posibilidad de estar un Mundial donde el catalán iba a ser uno de los abanderados. Declarando, para disgusto de otros tantos, su compromiso con un país en el que, de los muchos defensores que se cuelgan medallas, sienten como suyo propio, pero a la hora de la verdad son capaces de lucir camisetas de delincuentes que retan de manera atrevida a los ámbitos legales por el capricho de no querer pagar, de ser los más guapos o de pertenecer a un equipo donde hagas lo que hagas, no existen reglas. Por no recordar que este señor, al que muchos matan por no declarar en acto público que es el más español del mundo, que decora su habitación con banderas Rojigualdas, o que, de tono de alarma, tenga el himno con letra de Marta Sánchez… y a lo que iba, por no recordar que este señor con tiempo hasta para formarse en Harvard, especializándose con un máster en gestión de negocios, medios de comunicación, deporte y entretenimiento, lleva la cruz encima de gente capaz de dar su voto a políticos que se condecoran con másters, los cuales no son capaces ni de demostrar ni de dar una lógica explicación, pero, eso sí, llenos de orgullo español.

Después de un largo camino, después de haber pasado por el trago más amargo, Piqué quiere dictar su sentencia. Quiere acabar con todos los males que le han perseguido en los últimos años. Ha dejado a un lado las redes sociales, donde antes hacía pasar buenos momentos a sus seguidores, pero que a veces le jugaban malas pasadas. Ha dejado de entrometerse en asuntos ajenos a lo relacionado con el Barça, y ha dado un paso al frente. Quiere coronarse con su tercer triplete, tras haberlo conseguido en 2009 y 2015. Siempre comenzó de menos a más, siempre superó obstáculos tanto deportivos como extradeportivos, pero siempre consiguió alzarse con lo que se propuso. Y para quien no quiera confiar, que tome como referencia aquellas palabras en su primera temporada con Luis Enrique: “Volveré a ser uno de los mejores centrales del mundo”. Este año más que nunca, comprometido y jugándose el físico, con su rodilla maltrecha y dando la talla cuando el escudo que defiende más le necesita. Con la mira puesta en volver a conquistar la gloria, rodeado de gladiadores dispuestos a agotar sus fuerzas por hacer temblar a Europa para mantener un reinado que aunque a muchos les duela, aún sigue vigente. Y que a pesar de todo y pase lo que pase, su objetivo principal está muy claro: seguir siendo Gerard Piqué, el presidente de todos los culés.

LA APUESTA del día

Real Sociedad y Girona cerrarán la novena jornada de la Liga Santander. El encuentro se disputará a las 21:00 horas en Anoeta.

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