Máximo goleador histórico de Bundesliga: Gerd Muller (395 goles)

Aprovechando el récord de Lionel Messi en España, repasamos los máximos goleadores de las ligas más importantes del mundo caso por caso

Nunca hubo tanta amalgama de grandes mitos en una misma generación El fútbol alemán era rocoso, duro, físicamente perfecto pero, además, talentoso como pocas veces se recuerda. En los 70, hubo éxito y brillantez para los que marcaban diferencias talentosas y técnicas, pero si algo sobraba en Alemania, eran goles y aquellos que los marcaban, tenían una feroz competencia por hacerse su hueco entre los ‘elegidos’ internacionales. Entre todos ellos, los artistas y los goleadores, sumaban algunos de los mejores jugadores de la historia del país como Wolfgang Overath, Günther Netzer, Karl-Heinz Rummenigge o Paul Breitner, pero solo uno de ellos, era realmente el que logró trascender no solo con la camiseta blanca germana, sino también con la del Bayern: Gerd Müller.

“Sin los goles de Gerd aún estaríamos en el almacén de la calle Säbener”, dijo Franz Beckenbauer a Müller en un repaso mental a su carrera y a los compañeros con los que había compartido vestuario. Viniendo de quien viene, podríamos llegar a la conclusión de que Gerd fue un portentoso futbolista a nivel físico y técnico pero nada más lejano a la realidad. Nunca fue un portento a nivel técnico, además físicamente llamaba la atención por poseer una estructura corporal un tanto peculiar. Tenía piernas cortas, un tronco rechoncho y no era lo suficientemente alto. Era en definitiva el prototipo perfecto para ser aquel chico al que todos eligen el último en aquellos callejeros e improvisados partidos que muchos hemos jugado.

Cuenta su historia personal que aquel joven natural de Nördlingen, pasaba las horas muertas en la cadena de distribución de una empresa textil en la que trabajaba pero cuenta la misma, que entre descanso y descanso, una luz se encendía en su cabeza y soñaba con emular a genios goleadores alemanes como Morlock o Rahn. Pocos sabían entonces que aquel chico llevaba en la sangre el gol, en su ADN portaba el “gen nº 9”, aquel que convierte a un futbolista en letal artillero, protagonista del gran duelo al Sol que en cada partido se vive sobre la hierba. Precisamente en el equipo de su tierra, el TSV 1861 Nördlingen, intentó romper con su presente y mirar cara a cara a su destino pero su técnico dio el primer revés a su intensa vida onírica: “En esto del fútbol no llegarás muy lejos. Mejor dedícate a otra cosa”, le dijo su primer técnico. Fue el inicio de una intensa lucha personal por demostrarse a sí mismo y a los demás de que el destino le tenía reservado un lugar de privilegio en el Olimpo de los grandes goleadores.

Una lucha que continuó sin aliento puesto que tras su fracaso personal en el Nördlingen el destino le colocó en un por entonces modesto club del campeonato regional del sur de Alemania llamado Bayern de Munich. Antes de todo ello Gerd trabajó, sufrió y pulió sus defectos en silencio, soportando la peculiar forma de motivar que tenía su técnico, Tschik Cajkovski. Que le mandaba pesadas cargas de profundidad a través de la prensa con declaraciones de este tipo: “No puedo colocar a un pequeño elefante entre purasangres’. ‘Este chico es un molinero gordito”, soportaba. Pero tras una plaga de lesiones en 1965, el patito feo se convirtió en cisne, cuando dio rienda suelta a su personalidad, a su propio estilo. Entonces sus cortas piernas fueron vistas de otra forma, constituían el poderoso tren inferior de un atleta con un extremadamente bajo centro de gravedad, un delantero que se descubrió a sí mismo, que saltaba mucho, que giraba como una peonza y a velocidad de vértigo y que sobretodo siempre estaba en el sitio y tenía un cañón en su pierna derecha.

En el Bayern permanecería durante 15 temporadas, en las que ganó 4 Bundesligas, 4 Copas de Alemania, 1 Recopa, 3 Copas de Europa consecutivas, en 1974 ante el Atlético de Madrid, en 1975 ante el Leeds y en 1976 ante el Saint Etienne. A las que siguió la conquista de la Copa Intercontinental de 1976 ante el Cruzeiro brasileño. Títulos conquistados con la inestimable contribución de un futbolista que pasó a ser conocido “Bomber der Nation” (bombardero nacional) ó “kleines, dickes Müller” (pequeño, gordito Müller) este último apodo fruto de la inventiva de Tschik Cajkovski, que le llamaba así en tono cariñoso. En 1970 en su primer Mundial en México, fue máximo anotador del torneo con diez tantos y mostró su carta de presentación al Mundo, dos años más tarde siguió haciendo historia al volver a ser máximo goleador y al anotar dos de los tres goles con los que Alemania fue campeona de Europa venciendo en la final a la URSS. Y en 1974, en su país, le llegó la consagración mundial. Un 7 de julio de 1974 Gerd Müller, una vez más fue absolutamente decisivo en aquella final ante la mítica Naranja Mecánica de Cruyff, ante la que anotó el gol que le dio el título. De esta forma tan brillante se despidió de la selección nacional, sellando su legendaria trayectoria con un gol que valió por un Campeonato del Mundo.

Solo un letal “Bombardero” como él habría podido ser en siete ocasiones máximo goleador de la Bundesliga, marcar más de 600 goles, 365 en 427 partidos en la Bundesliga, récord no igualado y anotar 68 goles en 62 partidos como internacional. ¡Único¡

[video:https://www.youtube.com/watch?v=3yFN1XqwTog]

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