Expediente Otamendi

Analizamos el caso más extraño del Valencia

El Valencia ha cerrado el fichaje de Nicolás Otamendi para la temporada 2014 - 2015 pero tras la operación se oculta un expediente de difícil solución. En Fútbol Primera intentamos descifrar el caso con nuestro especialista Yeray Fita.

Unos me cuentan que fue una chapuza de la secretaría técnica. Otros abogan por difundir que en el Oporto mentían como bellacos. Los que faltan por nombrar sacan los fuegos artificiales para celebrar la compra del central y otros tantos se preguntan de dónde se ha sacado el dinero para ejecutar tal operación. La única realidad es que el Valencia comunicaba el miércoles por la tarde el fichaje de Nicolás Otamendi por 12 millones de euros más tres en variables. ¿Pero qué pasó exactamente para que una cesión para lo que restaba de temporada que se presuponía hecha se convirtiera en una compra para el año que viene? Supongo que eso lo sabe Salvo y su más fiel círculo de allegados, y las teorías se pintan de todos los colores.

Viajemos atrás en el tiempo hasta el último día de mercado. El día amanecía en Valencia con Rufete intentando desesperadamente fichar a Osvaldo y Otamendi para cerrar una plantilla de garantías. El primero se complicaba, se empeñaba en irse a jugar a la Juventus pese a que los de Turín contaban ya con cinco delanteros en su nómina. Se salió con la suya y al filo del mediodía pasaba la revisión médica con la “Vecchia Signora”. Vucinic, ariete del propio equipo italiano y que presumiblemente se quedaba sin sitio en la plantilla, se convertía en nuevo objetivo prioritario. Quería jugar en Italia, imposible convencerlo. Y entonces apareció Vinicius Araujo, uno de los grandes protagonistas del expediente Otamendi. El Valencia llevaba varios meses vigilando al delantero brasileño, y pese a no ser el 9 deseado por Pizzi, la opción de mercado era inmejorable, un tren que pasa una vez y que no puedes dejar escapar. Había que comprarlo. Hacía las dos del mediodía la noticia volaba. El club blanquinegro se hacía con los servicios del punta carioca por 3,5 millones de euros, la misma cantidad que había ingresado por la venta de Sergio Canales a la Real Sociedad. Solo faltaba Otamendi. Otamendi y su principal pega. Su pasaporte extracomunitario. Con la llegada de Araujo a la capital del Turia el conjunto ché cubría el cupo de jugadores extracomunitarios fijados por la LFP. Un cupo máximo de tres jugadores formado por Vargas, Jonas y el propio Araujo. Había que cerrar la salida de uno de los dos jugadores brasileños para poder incorporar a Otamendi. Esta es la teoría, en la práctica nadie sabe exactamente cuando el Valencia se dio realmente cuenta de que el central argentino no tenía pasaporte comunitario y que tenían que pagar un millón de euros por la cesión de un jugador que no podían inscribir. Fuese como fuese, el error de la secretaría técnica juntando a cuatro jugadores extracomunitarios en sus filas es innegable. De manual de primaria de mercado. Y me da igual cuales fueran las causas. Haya o no mentido el Oporto la obligación del Valencia es comprobar minuciosamente los datos de cada jugador que quieran incorporar.

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Había que buscar una salida a Jonas o parar in extremis el fichaje de Araujo.

“Voy a cumplir mi contrato”. Esas fueran las palabras que Jonas dedicó a la prensa ese frenético último día de mercado ante la horda de ofertas de equipos de la Premier que precisaban sus servicios. Pizzi ya le había comunicado al jugador que no terminaba de encajar en su esquema de juego y además le recriminó la falta de asociación demostrada en los partidos en los que había compartido césped con Alcácer. Aun así, el jugador se enrocaba, no se quería marchar. Quedaba Araujo.

“¿Y si posponemos el fichaje de Vinicius?”. No lo dijo, pero me juego el cuello a que Rufete lo pensó. Si paraban la oficialidad del fichaje del brasileño, su plaza de extracomunitario quedaría libre y Otamendi podía llegar sin problemas. Ni de coña. El Cruzeiro se negó en rotundo a parar la operación. El conjunto brasileño había fotografiado a su delantero estrella despidiéndose hasta del utillero del club. No había vuelta atrás. Además, la liquidez del fichaje le venía de perlas a un equipo que no pasa por su mejor situación económica y que en los últimos años está primando el dinero a corto plazo por encima del proyecto a largo. Quedaba una única opción, ceder al delantero brasileño. Pero no sonó la flauta. Con apenas dos horas de mercado por delante el Valencia no fue capaz de encontrar un equipo que se hiciera cargo de la ficha del chaval. Misión Imposible.

00:30 del 1 de Febrero de 2014. El Valencia CF lanzaba un comunicado oficial presentando a Vinicius Araujo y Philippe Senderos como nuevos fichajes de la entidad ché. ¿Y Otamendi? ¿No se había podido cerrar? ¿Por eso se había fichado a Senderos? Preguntas y más preguntas.

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Las primeras informaciones apuntaban a la falta de tiempo como la principal causa de la no inscripción de Otamendi. El fax de la LFP era el objeto más odiado en años en Valencia. Unas horas más tarde saltaba la noticia. El Valencia no había podido inscribir al argentino porque ya tenía a tres extracomunitarios en la plantilla.

Tres días después, el Oporto apartaba a Otamendi del equipo y decía que ya no era jugador suyo, que era “un problema administrativo”. ¿Se había cerrado la cesión y el Valencia había decidido olvidarse del asunto?

Amadeo Salvo viajaba a Portugal el día 5 de febrero para reunirse con Pinto Da Silva y solucionar el problema. Las cartas estaban encima de la mesa. El Oporto alegaba que el Valencia había firmado un acuerdo de cesión por 1 millón de euros hasta final de temporada, con una opción de compra de 12 millones. El Valencia decía no haber firmado tal acuerdo. Había que consensuar una solución, y la más satisfactoria para ambas partes era cerrar ya la compra del jugador. 12 millones de euros más 3 en variables. El conjunto portugués se embolsaba, para variar, una cantidad considerable de dinero por un jugador que hacía meses que había perdido su titularidad, y además tapaba un posible engaño con el pasaporte del argentino. El Valencia volvía a casa con un central reconocido internacionalmente y que ilusionara a la afición y además tapaba el error monumental de la secretaría técnica. Por supuesto, y según la versión oficial de ambos clubes, a día de hoy, nunca existió un contrato de cesión. Si usted se lo quiere creer, no seré yo el que le quite la razón.

En resumen, Rufete manchó su particular revolución con un error de bulto comprometiéndose a pagar un millón de euros por un jugador que no podía inscribir. Pecó de exceso de confianza pensando que podría cerrar la salida de Jonas y no acertó con la medidas de urgencia intentando ceder a Araujo. Los presidentes se reunieron y se taparon las vergüenzas mutuamente. El Valencia ya tiene central, pero para la temporada que viene.

La gran pregunta que queda en el aire es: ¿y de donde ha sacado el dinero Amadeo Salvo para acometer ese fichaje?, pero creo que eso ya no forma parte del expediente Otamendi.

EL DEBATE: ¿QUÉ TE PARECE EL FICHAJE DE OTAMENDI POR EL VALENCIA ?

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