Valencia: ¿Y si Rami tenía razón?

El fantasma del defensa francés reaparece por Navidad

Las agresivas declaraciones de Ricardo Costa contra Miroslav Djukic y su cuerpo técnico han reabierto el debate sobre el vestuario del Valencia, dando sentido a las palabras que pronunció Adil Rami antes de su adiós. Lo analizamos con nuestro especialista Yeray Fita.

Hoy me he vuelto a acordar de Rami y de las bonitas palabras que dedicó a la plantilla. Esas bombas en forma de frases que el francés detonó y que le valieron una sanción de empleo y sueldo y un billete de ida sin vuelta a Milán, aunque creo que eso último lo andaba buscando desde el verano pasado. Me he vuelto a tragar enterita la entrevista en la que el galo abrió el cajón de mierda y manchó, otra vez, la imagen de la entidad que le había dado la oportunidad de jugar en la élite, aunque él no terminara de creérselo. También he escuchado las declaraciones que Ricardo Costa ha hecho en la rueda de prensa de Paterna. Es más, las he vuelto a leer en la prensa para intentar disipar una duda que recorre mi mente y que no hace más que martillearme la cabeza a base de bien. Quizá sea el propósito de año nuevo de volver a conceder a la gente el beneficio de la duda sean cuales sean sus antecedentes, pero ¿y si Rami tenía razón?

Antes de que me fusiléis a críticas y me mandéis al particular paredón de las redes sociales, dejadme exponer mis motivos para pensar que el central pudiera estar en lo cierto.

Como os venía contando, Ricardo Costa se sentó ayer en el Media Center de Paterna y soltó un latigazo al cadáver de Djukic que chasqueaba tal que así:

“Nosotros estamos aquí para entrenar y no para dictar a un entrenador o decirle qué hacer en cada entrenamiento. Si solo nos mandan correr cinco o un minuto solo vamos a correr uno. Es lógico que luego cada uno puede hacer fuera lo que quiera para complementar. Pero es muy complicado cuando tienes una persona que está por encima de ti y que no te exige el máximo o que aparenta que lo que haces está bien”

En resumidas cuentas, que Djukic no quería -o no se atrevía a- meterles caña y los jugadores lo sabían. Pero nadie dijo absolutamente nada. Todos callaron. Y os recuerdo que el que está soltando estas palabras es nada más ni nada menos que el capitán del Valencia CF, el jugador que en teoría debe ser uno de los pilares básicos en los que se sostenga el equipo y un enlace crucial entre la plantilla y el preparador técnico. Pero nada, nadie alzó la voz. ¿Nadie? Falso. Rami la levantó, de malas formas y donde no tocaba, pero la levantó. Erró en el continente pero no en el contenido, porque en mi opinión, unos jugadores que no le llevan la contraria a su entrenador por miedo a quedarse fuera del once los domingos, son unos pelotas. Y unos cobardes. Y una larga ristra de calificativos con la que podría llenar toda esta columna de opinión, exactamente igual de larga que la lista de adjetivos que se le podrían achacar al central francés durante su estancia en la entidad. Una cosa no quita la otra.

Lo que sucede es que Rami siempre se ha caracterizado por acompañar a la hipotenusa. Mires por el lado que lo mires acaba haciendo el cateto. Pero ¿y si esas declaraciones las hubiera hecho alguien con más credibilidad de cara al público? Si alguien como Baraja o Albelda en su época pronuncia las mismas palabras que el galo, no tengo la menor duda de que la gran mayoría de la opinión pública hubiera colocado su punto de mira sobre la nuca del técnico serbio, mirando con lupa todos y cada uno de los ejercicios que el balcánico mandaba realizar a sus pupilos. Pero era Rami, y como Rami siempre la lía, y siempre anda haciendo cosas “de puta madre”, pagó la osadía de levantar la voz -mal y a destiempo- y sus palabras quedaron en agua de borrajas.

Ahora me cuadra ver a Rufete vestido de chándal invadiendo el terreno vital del entrenador, el equipo de metodología con sus cámaras analizando las sesiones de entrenamiento, ahora me cuadra el bajo rendimiento del equipo, el liderazgo de los portugueses dentro del vestuario, las supuestas conspiraciones maquiavélicas de los jugadores. Todo forma parte de un puzle que parecía mucho más complejo de lo que a mi entender ha terminado siendo.

Un rompecabezas que empezó con una preparación física más dura de la que los jugadores se pensaban en pretemporada, unos jugadores que recibieron un balazo público de su entrenador en la rueda de prensa de Cornellá y que decidieron atar los pies al gigante dormido para que nunca más osara intentar despertarse. Un gigante que miraba como la plantilla negaba con la cabeza a un técnico que acabó postrando sus armas y arrodillándose ante los verdaderos dueños del vestuario. Un vestuario liderado por un capitán que nos decía a la cara que a ellos también les dolía perder mientras sabían que no daban un palo al agua en los entrenamientos. ¿Os encaja como a mí? Cada pieza duele más que la anterior.

¿Y si Rami tenía razón y tenemos un vestuario lleno de pelotas a los que el individualismo y el ego personal les pesa más que las derrotas del equipo? Ahora no suena tan descabellado ¿verdad? Dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, y creo que Rami tenía mucho de ambos.

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