Espanyol, 25 años del desastre de Leverkusen

Todavía no han sanado las heridas entre los aficionados pericos

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Se cumplen 25 años del partido de vuelta de la Copa de la UEFA entre el Bayer Leverkusen y el Espanyol de Barcelona, la noche en la que el equipo entrenado por Javier Clemente sufrió un revés inconcebible tras el resultado conseguido en el partido de ida. La trayectoria de aquel Espanyol pasó a la historia del club y hoy la recordamos...

En 1987-88, Sarrià vivió la gesta de un grupo de hombres que transportaron un sentimiento por todo el viejo continente. Hasta entonces, el Español de Barcelona contaba la totalidad de sus participaciones en competiciones europeas por incursiones casi testimoniales. Pero en 1987, el “Periquito” blanquiazul voló desde su jaula para explorar nuevos mundos; la fábula del matagigantes tomó cuerpo en la imagen de los Valverde, Lauridsen, Pichi Alonso o Miquel Soler. Javier Clemente, el joven técnico de 37 años, pensó mucho durante la temporada, utilizando su ingenio para conseguir un objetivo que nadie hubiera creído en Septiembre.

Cuando un club humilde elimina a un grande la hazaña se considera producto de un lance fortuito, un accidente vinculado a la suerte. Sin embargo cuando son dos y tres los equipos derrotados, y entre ellos se encuentran las dos instituciones más importantes de la ciudad de Milán, aquello que se relacionaba con la fortuna pasa a ser objeto de estudio. El análisis llega y por supuesto también lo hacen las respuestas a la situación. Aquel Español defendía muy bien, mucho mejor en Europa que en la liga. Salía a la contra con rapidez y solía marcar más de la mitad de las ocasiones que tenía. Ocurría porque tenía buenos delanteros, y también debido a que el equipo blanquiazul utilizaba la presión “clementiana” de forma racional ayudado por pequeños trucos que el vasco improvisaba, como recortar las medidas del campo de tal manera que las estrellas que lo visitaban no tuvieran metros para desarrollar su juego. Este recurso es habitual en equipos pequeños, pero sin la fantástica actuación de los Soler, Urquiaga o Gallart, no habría adquirido valor en Sarrià.

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La proeza del Espanyol en la Copa de la UEFA fue equiparable a la que habían conseguido Videotón, Ipswich Town o Twente en el pasado de la competición. El sueño comenzó en Monchengladbach, la tierra alemana a la que volverían meses después para disputarle al Bayer Leverkusen el título del torneo. El Borussia había ganado sus últimos tres encuentros en la Bundesliga, incluido su encuentro frente al Bayern de Jupp Heynckes. El Espanyol llegaba a la Copa de la UEFA con el objetivo de mejorar su baja reputación en las casas de apuestas; era carne de cañón para el hambriento equipo de Renania del Norte. El gol de Pineda provocó que se hablara por primera vez de aquel equipo de Clemente.

Tras confirmar la clasificación en Barcelona el Milan se cruzó en el camino españolista. Y es que el equipo entrenado por Arrigo Sacchi, al que Clemente casi obligó a hacer las maletas a las primeras de cambio, fue sorprendido por el competitivo conjunto barcelonés. El partido de ida se jugó en Lecce, y el inapelable 0-2 obligaba a los italianos a realizar una gesta en Sarrià que no se consumó. 6 años después, en el mundial de Estados Unidos, Sacchi se vengaría del de Baracaldo. Mientras tanto en nuestra historia el Español seguía vivo.

Y como no hay dos sin tres, el siguiente en pasar por la guillotina blanquiazul fue el Inter. La “Bomba” afirmaban Soler y Valverde. Los italianos daban miedo, ya que la sola presencia de nombres como Altobelli, Zenga o Bergomi imprimía respeto. En aquella plantilla también figuraba un veterano Daniel Pasarella, flamante doble campeón mundial. Pero en frente estaba Clemente, al que nada asustaba tras ganar dos ligas con el Athletic de Bilbao. Y así lo demostró ya que el Español empató a un gol en San Siro (esta vez sí que jugaron allí), y se impuso 1-0 con un tanto de Orejuela en la vuelta; El “Periquito” blanquiazul había volado demasiado, tanto que sólo le restaba migrar a un último punto, la final de la Copa de la UEFA.

En el partido de ida de las semifinales el Brujas belga se impuso 2-0. Todo indicaba que el sueño del Español había llegado a su fin, pero Sarrià volvió a ser clave la noche del 20 de Abril de 1988. Primero Orejuela y Losada marcaron los dos goles que forzaban la prórroga. Restaban 30 minutos de angustia, agonía por la victoria...y antes del final del tiempo extra, Pichi Alonso remataba un balón empujado por toda Catalunya. Y es que el conjunto perico se había transformado en el mejor embajador de Barcelona durante aquel final de temporada, y hasta gran parte de la afición vecina, la azulgrana, mostraba cierta simpatía por las hazañas alcanzadas por los futbolistas del Espanyol. “Pichi, Pichi, Pichi...” como dos años antes frente al Goteborg, el de Benicarló era pieza fundamental para llegar a disputar una final europea.

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La lucha y el espíritu de aquel equipo humilde tenía premio. El Javier Clemente más ambicioso había conseguido que el Español llegara donde nunca antes lo hizo. Ya nada podía ensombrecer aquella campaña, ¿o sí?

La final de la Copa de la UEFA se disputaba a dos partidos. En la ida el Español jugó con la confianza de quien se sabe capaz de todo, sin miedo a un Bayer Leverkusen que también disputaba su primera final europea. Un Español desatado, ciertamente arriesgado y físicamente enloquecido marcaba un gol tras otro. Soler y Losada en dos ocasiones, pero esa noche todos jugaron bien en la victoria 3-0: N´Kono, Orejuela, Gallart, Valverde...sólo faltaba un tramite y la copa volaría a Barcelona; Leverkusen debería ser el Basilea particular de la afición periquita.

Y en Alemania el Español controló el partido en la primera parte. El colchón de tres goles de ventaja permitía a los de Clemente afrontar los minutos restantes con cierta tranquilidad. Pero tras la reanudación se vivió la noche más inconcebible para el españolismo. En el minuto 12 de la segunda parte el brasileño Tita abría el marcador para el Bayer, y en ese momento los de Clemente desaparecieron del campo.

Todo el trabajo previo, la intensidad y la seriedad propuesta durante toda la competición se vino abajo. Los alemanes superaron al conjunto catalán y forzaron la eliminatoria hasta llevarla a la prórroga. El cuerpo de los jugadores del Español permanecía en el campo, pero su alma y la cabeza había abandonado el Ulrich-Haberland-Stadion muchos minutos antes. Se lanzaron penaltis, y en ellos quedó demostrado que los jugadores no se encontraban anímicamente enteros. Para ganar una final desde el punto de penalti hay que ser capaz de visualizar el triunfo, creer firmemente que meterás más goles que el contrario. Nadie del Español podía pensar algo así ya que sólo aspiraban a que la agonía se terminara. Las celebraciones en Sarrià dos semanas atrás se alojaban como un terrible peso en la mente de los futbolistas. Sebastián Losada envió fuera del estadio su balón y el Español contrajo una deuda histórica. Un compromiso con su afición que todavía perdura pese a que el “Txingurri Valverde” (uno de los héroes de aquella gesta) estuvo a punto de finiquitarla cuando llevó de nuevo al equipo a la final en 2007.

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25 años después de Leverkusen, el desencanto sigue ganando al crédito conquistado por aquel equipo que se adelantó al Milan de Sacchi, un equipo que logró que cada aficionado de la liga guardara un pedazo de Sarrià en el corazón. Los hombres de 1988 fueron los grandes sucesores de aquellas finales de 1929 y 1940... en Leverkusen se lloró la derrota más inexplicable de la historia del Real Club Deportivo Español.

LA APUESTA del día

Sevilla y Levante cerrarán la novena jornada de la Liga Santander. El duelo se jugará a las 21:00 horas en el Sánchez Pizjuán.

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