Juventus-Inter, el retorno de la edad de oro

El derby de Italia llega en una nueva época para su fútbol

Roberto Baggio con la Juventus de Turín Roberto Baggio con la Juventus de Turín

Juventus e Inter de Milán disputarán hoy el partido más interesante de la decimoprimera jornada de la Serie A, el derby de Italia, un encuentro que llega en un momento especial para la Juve, que busca reinar en el nuevo resurgir del fútbol transalpino.

La Juventus se encuentra cada vez más cerca del récord de partidos invicto que ostenta el Milán. El siguiente punto de su calendario, presenta a uno de los rivales con más envergadura de la Serie A. El Inter de Andrea Stramaccioni no quiere ser una nueva víctima del rodillo turinés, y buscará el milagro; vencer en el Juventus Stadium. De ganar, el conjunto “bianconero” alcanzaría una ventaja considerable en la tabla de clasificación, y daría forma al deseo de los aficionados de la Vecchia Signora, que no es otro que el de marcar una nueva época en el fútbol italiano, donde solo se hable de las hazañas deportivas, sin la huella del escándalo. El recuerdo de las antiguas edades de oro de la liga italiana está presente en el sueño actual...

Desde la victoria de Italia en la Copa del mundo de 1982, hasta que fue el propio país transalpino quien organizó el campeonato en 1990, la progresión del fútbol italiano fue imparable. Muchos jugadores llegados desde fuera de sus fronteras ayudaron en esta evolución; los millones de liras invertidos y la siempre controvertida sombra del dopaje planearon en el día a día de una competición que traspasó barreras, superando al aislado fútbol inglés apartado de las competiciones internacionales, y al español, cuyos clubes cumplieron en 1990, 24 años sin conquistar la Copa de Europa. Únicamente Alemania parecía seguir el camino, aunque siempre lejos de la estela marcada por un campeonato que fue bautizado por muchos como la NBA del deporte rey europeo.

La liga italiana gozaba de lo mejor de cada casa. Una generación de futbolísticas locales magníficos, nacidos para triunfar; los Maldini, Vialli o Roberto Mancini. La Serie A disfrutaba de Caniggia y Balbo, pero sobre todo enloquecía con Maradona. Careca y Rubén Sosa jugaban en Italia, pronto lo harían Fonseca y Paul Gascoigne. Los grandes talentos de Holanda y las estrellas alemanas, ofrecían lo mejor de sí mismos en el campeonato italiano, e incluso Martín Vazquez, rescataría la figura del emigrante español de gran nivel por primera vez desde la salida de Suárez, Peiró y Luis del Sol. El Torino le abriría la puerta grande tras el mundial, en un tiempo en el que La Liga asume su inferioridad frente a un torneo al que ya habían acudido Víctor y Ricardo Gallego en la parte final de su carrera.

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Un cabezazo de Marco Baroni daría la liga al Nápoles en la última jornada de 1989-90. Fue el último aliento de Maradona, el hombre que encendió la llama entre el norte y el sur, el antihéroe que se convirtió en santo a pies del Vesubio. Y es que la Italia de aquellos años vive un periodo de renacimiento futbolístico. Los títulos europeos son suyos; 80.000 milanistas recorren las diez horas de coche que separan Milán de Barcelona para recoger la Copa de Europa en Mayo de 1989, dejando para el Steaua la opción de observar de cerca a los Gullit, Rijkaard o Van Basten. Por primera vez, un presidente es manteado por los jugadores en el césped, protagonista de un triunfo que pertenecía a los futbolistas y al éxito del estilo de Sacchi. Berlusconi pasa a la escena, y ordena sumisión respecto a su figura. La imagen es dantesca, nada que ver con la entusiasta y espontánea celebración de Pertini en 1982, y muy lejos de la idea entusiasta que Gabriel Hanot tuvo para concebir la competición que ahora Silvio festejaba; el dinero gana al deporte con más fuerza que nunca.

No son los mejores años para la Juve. Atrevida afirmación, teniendo en cuenta que ganaron dos títulos en 1990, la copa y la Copa de la UEFA. Sin Platini la Juventus pierde fuerza, la salida de Laudrup dejará a la vecchia signora huérfana de creatividad, mientras que la muerte de Scirea se llevará una parte del corazón “bianconero”. El dinero logra atraer a Roberto Baggio, que será pronto el nuevo mesías de Turín, tirando por tierra eso sí, el respeto entre la Juventus y la ciudad de Florencia.

La Juve abandonará el Comunale para instalarse en el frío Stadio delle Alpi. Una nueva época comenzará para ellos tras el mundial. El viejo campo del barrio de Santa Rita, convertido a día de hoy en Estadio Olímpico de Turín, guardaba demasiados secretos de la memoria del fútbol transalpino; el Comunale, o Benito Mussolini en la época, fue testigo del paso de la Austria de Sindelar y Bican por la Copa del Mundo de 1934. Acogió sangrientas afrentas entre el norte y el sur, cuando el Nápoles luchaba como ahora, por los primeros lugares de la clasificación. Una época en la que Maradona trazaba enemigos a su paso, incapaz de distinguir entre Verona, Turín o Milán, de la misma forma que nunca podría entender que los mundiales pueden ganarse o perderse sin conspiraciones contra su persona; el norte de Italia era su enemigo, y el Comunale uno de los escenarios preferidos del "pelusa" para sacar lo mejor del genio de Villa Fiorito que guardaba en su interior.

El film "Ultras" de Ricky Tognazzi, muestra el Comunale por dentro, el colorido y la encendida pasión de los grupos de aficionados radicales que Italia exportó a media Europa. Una nueva forma de entender el fútbol en las gradas, que sería tan dramática y efervescente como el juego que podía verse en los terrenos de juego. Los Ultras orinan en el autobús y pelean con navajas en los servicios de un longevo estadio; viajan y recuerdan la última batalla. Es la parte oscura del "calcio", la que se alejaba tanto del enigmático y fervoroso poder que ejercían las estrellas que jugaban en el país. Aquella Italia era la que Maradona denunciaba cuando perdía, pero al mismo tiempo la que le cautivó y llenó de ego en sus victorias, alimentando la mayor orgía de éxito, drogas y corrupción con la que nunca convivió un futbolista.

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En Italia 90 se construyen y remodelan estadios, pero el fútbol brilla por su ausencia. El campeonato se convierte en una lucha de "Italianos" frente al resto del mundo. Los invitados son eliminados muy pronto, España, Brasil, URSS, Bélgica... Yugoslavia, Eire y sobre todo Camerún, son las sorpresas, pero la lucha crece en las últimas rondas.

Gascoigne se perderá la final en su mejor momento, derrotado por la experimentada Alemania. Los mejores jugadores del equipo teutón que ganará la copa son del Inter; una prueba más del potencial de la Serie A. En la otra semifinal, Maradona traslada su guerra con la Italia no napolitana al mundial de fútbol; será el gran derrotado, pierde el sentido y las formas en el peor momento, insultando al público romano y echando pestes de la FIFA ante una simple derrota futbolística. Ha conseguido más de lo que sus tobillos podían resistir, pero mucho menos de lo que su autoexigencia le permite. Y luego queda Italia, donde sobresale un futbolista de la Juve, Salvatore Schillaci, que en estado de gracia hará soñar a los tifosi con la cuarta Copa del Mundo...pero nadie contaba con Sergio Goycochea, el parapenaltis albiceleste.

Será el mundial de los once metros, ya que semifinales y final se decidirán desde el punto fatídico. Argentina se viste del Nápoles, mientras que Alemania representa con honor al Inter. Para la Italia de los delanteros de la Juve del futuro (Schillaci y Baggio), solo resta luchar por el tercer puesto. El mundial se ha convertido en una especie de ópera bufa sobre el fútbol italiano, una escena donde las selecciones satirizan el presente de la mejor liga del mundo. Los Maradona, Matthaus, Brehme, o Roberto Baggio, son los Rossini, Donizetti, Verdi y Puccini de finales del siglo XX. Italia llora a su selección, y muy pronto lo hará a su fútbol.

Con el relevo Sacchi-Capello en el Milán, el positivo por cocaína de Maradona, y la paulatina salida de la Serie de A de los protagonistas de la mejor liga del mundo, el sueño se desvanece. La verdad de muchas mentiras sale a la luz, el maravilloso y pasional fútbol italiano pierde parte de su esencia, o cuanto menos, deja de ser tan admirado. El derby de Italia que hoy se juega, nos muestra a una Juve que aspira a marcar un nuevo ciclo, con el resentimiento del aficionado que se ha sentido engañado ya demasiadas veces. El Inter es un nuevo obstáculo, uno de los más duros para quien busca reinar en el fútbol italiano. La Juve quiere ser la gran protagonista del nuevo resurgir de Italia.

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