República Checa: La cuchara de Poborsky

República Checa y Portugal vuelven a verse las caras en la Eurocopa

Poborsky Poborsky

Portugal y República Checa tienen una cita con la historia en el Estadio Nacional de Varsovia; un lugar en las semifinales de la Eurocopa 2012 será el premio para una de las dos selecciones que más brillaron en la historia reciente de la competición…

La gran República Checa del 96

La "cuchara" de Karel Poborsky sobre el césped de Villa Park en el partido de cuartos de final de la Euro 96 frente a Portugal, es el momento más recordado; una jugada llena de instinto, improvisación y talento… la más firme expresión de la magia bohemia desde el penalti de Antonin Panenka en 1976.

Fue el verano de la República Checa, que con su fútbol, las melenas al viento y su espíritu libre fuera del campo, recordaron a la Bulgaria de 1994 como animadores del torneo. La estrella de Poborsky deslumbró en las islas británicas, tanto que el Manchester United no lo dudó y desembolsó casi tres millones de libras para hacerse con los servicios del interior derecho checo.

Con el Slavia de Praga ya había maravillado. Dotado de una técnica espectacular, poseía un guante en su pierna derecha y era capaz de sentar defensas a su paso con un elegante regate y sus inesperados cambios de ritmo que sorprendían al rival. Ante Portugal en cuartos, se inventó la jugada del gol, patentando un golpeo de pelota que sorprendió al mismísimo Vitor Baía (a punto de firmar por el Barcelona).

La confianza de los hombres entrenados por Dusan Uhrin, creció tras aquel enfrentamiento ante Portugal. Fue la demostración firme de que aquel equipo iba en serio, y que su actuación en el grupo de la muerte de la primera fase, donde dejó fuera a Italia, no fue producto de la suerte del momento.

Uhrin comparó a su equipo con la Dinamarca de 1992 tras batir a Portugal. Pocos esperaban tal demostración de fortaleza de la selección en el campeonato, y menos cuando en su toma de contacto con el torneo fueron superados por Alemania, en una tarde en la que los checos parecieron uno de tantos equipos que circulan por los grandes campeonatos sin llamar la atención de la crítica. Ni siquiera sus propios integrantes tenían Wembley y la final en el punto de mira. Su delantero Smicer por ejemplo, programó su boda en vísperas del últmo encuentro de la Eurocopa.

En la semifinal, los checos pusieron freno a la Francia de Zidane y Djorkaeff desde los once metros; aquel día la figura de Peter Kouba pasó a la historia del torneo. Pavel Nedved, Poborsky y Patrick Berger (otro futbolista que terminaría ese verano jugando en la Premier), constituían junto al portero Kouba y la consistencia de Radek Bejbl, la base de aquel equipo. En la final, disputada en el inigualable marco del Empire Stadium de Wembley, Kouba se creció frente al temible ataque alemán formado por dos veteranos, Jurgen Klinsmann y Stefan Kuntz.

Pero al poco de iniciarse el segundo tiempo, una nueva galopada de Karel Poborsky iba a cambiar el signo del encuentro. Esta vez, el futbolista no utilizó uno de sus ingeniosos remates para batir al poderoso Kopke… sino que se inventó la forma de engañar a Pierluigi Pairetto, el árbitro del encuentro, simulando con habilidad y picardía una falta fuera del área que significó un penalti para su equipo. El lanzamiento de Berger entró en la portería llorando, muy cerca de ser despejado por el portero alemán.

La Eurocopa adquiría tintes bohemios ante una Alemania demasiado acostumbrada a perder finales, nada menos que tres de las últimas cuatro.

Los grandes campeonatos encumbran figuras gracias a momentos de genio. Una jugada con sello, un gol con patente, o un gol de oro, puede ensalzar a la gloria a un futbolista. Fue la Eurocopa de Poborsky y Nedved, y así se hubiera recordado de no ser porque a falta de pocos minutos para finalizar el encuentro, la salida al campo de Oliver Bierhoff cambió el resultado en los libros de historia; el delantero centro teutón daba la vuelta al encuentro, utilizando las viejas armas de los Rahn, Hrubesch o Rudi Voller, el remate certero, medido y feroz… Alemania puso fin al sueño checo.

La República Checa estuvo cerca de repetir la gesta en terreno portugués en la Eurocopa de 2004. Aquella "Chequia" era una de las favoritas del torneo y tuvo una trayectoria muy diferente a la mágica de 1996. Tampoco tuvo nada que ver la República Checa de 2008, que fue dilapidada por el instinto de Cristiano Ronaldo.

16 años después de la "cuchara" de Birmingham, Portugal y República Checa vuelven a verse las caras en unos cuartos de final… será en Varsovia, territorio propicio para que el talento espontáneo vuelva a manifestarse.

LOS DATOS ESTADÍSTICOS E HISTÓRICOS DEL REP CHECA-PORTUGAL

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