Te quiero, Aleti

La final de la Europa League desde el punto de vista colchonero

El Atlético de Madrid en la final de la Europa League 2012 El Atlético de Madrid en la final de la Europa League 2012

Por el Ujpest Dosza, el primer rival que vi en el Calderón del Atleti (Aleti según correctamente puntualiza mi amigo Petón). Por el Málaga, el último de ellos en el gallinero lateral. Por una historia que es la historia de muchos momentos, grandes, medianos y pequeños. Por Leivinha y Luiz Pereira, por el Ratón Ayala y Gárate, por Landáburu y Marcial, por Alemao, Schuster y Futre, por un club que ganaba Ligas en el Bernabéu con Rubén Cano y perdía una Copa de Europa en el último aliento para luego ser goleado tres días después, Schwarzenbeck de las narices. Como castigado por un destino indómito y cruel jamás visto. Aunque el Bayern probara de su propia medicina en la final del minuto del siglo en el Camp Nou contra el Manchester United...

Por un club que sólo fue segundo de Madrid a partir del tornado Di Stéfano que todo lo arrasó (más las recaudaciones de las finales de Copa) y que, de vez en cuando incluso después de aquello, se permitía adelantar por la derecha al imperio que todo lo quiere evangelizar. Como en el Stratego. Por un club que, en realidad, desapareció en 1987 o se quedó parado en el tiempo, cuando Jesús Gil, un ex convicto, ganó las elecciones con el infalible método propagandístico de la demagogia, el de tantos otros déspotas en la historia. Y con su conveniente cohorte de palmeros. 

Por mi hijo Daniel y su maravillosa madre, por mi tío Andrés que ya no está, por mi primo Andresito, por mi amiga Helena, por mis mods del Atleti, Luis y el hermano de Luis, Alfredo, Pedropa, los Desidias, Javi, Elena, Isa, Chapas, Hugo… Y hasta por todos mis amigos madridistas y del Ajax, que son legión. Por mis amigos de otra época Pepe, Pedro y Antonio, de cuando con Gil padre pese a todo el latrocinio se ganaban también finales de Copa, igualmente al Madrid de Díaz Vega. Por mi pasado, mi presente y mi futuro, siempre brillantes en las tres estadías reseñadas y en todos los aspectos. Por mi abono en tribuna superior alta, por mi abono en tribuna del córner del fondo norte, por mi abono popular de segundo anfiteatro, por mi carné de socio no abonado…  todo en tiempos de periodismo deportivo no practicante en el día a día, como es el caso actualmente. Porque cuando lo fui, que lo fui mucho tiempo, siempre me quité de socio. 

Por mi viaje de 25 horas de autobús a Lyon en 1986 para volver igual de contento con un 0-3 ante el Dínamo de Kiev de Oleg Blokhin. Porque sí, porque yo vi jugar a Blokhin en directo. Por todas las finales de Copa vividas en directo, ganadas y perdidas, en especial la de Ramos Marcos en Zaragoza y el penalti a Julio Prieto. Por llevar desde 1999 sin ganarle un partido al equipo que ha aniquilado a su antiguo rival a cambio, eso sí, de reforzar la supremacía del mejor Barcelona de todos los tiempos. Y que le rían las gracias sus adictos si reparan que, en realidad, Jesús Gil invirtió los términos y de 9 a 8 en Ligas se ha pasado a 21-9, por lo que en la limpia del Señor Lobo han perdido los dos de Madrid.   

Por tantas derrotas y tantos ridículos, por el descenso no tan lejano a la Segunda División, por el no a Riquelme, por la fuga de Torres, De Gea y el Kun o anteriores de Marcos, Julio Alberto, Hugo Sánchez, Llorente, Parra y Solari. Por no ganarle al Apoel ni al Aris ni al Albacete, todos con la R de respeto pero A de ‘A-la-mierda’ que gritaría Fernando Fernán Gómez. Por ser ya nada más que apenas una sombra de la grandeza adquirida sobre la base de unas rayas rojas entre fondo blanco, orgullo antes de casi media ciudad, oso y el madroño.

Por Maguy, Wicky, Bogdanovic, Pilipauskas, Moacir, Richard Núñez, Pínola, Villarreal, Sosa, Tilico, Fortune, Nimny, Njegus, Venturín, Torrisi, Eller, Musampa, Costinha, Chamot, Ayala, Tomic, Lukic, Andrei, Rodrigo, Olivera y los pobres inmigrantes africanos de los oscuros negocios de Gil siempre reídos y poco denunciados. Por sus herederos, el veterinario y el productor, por el milagro de ganar la Europa League hace dos años en Hamburgo al Fulham y el mayor e inexplicable fenómeno digno de la nave del misterio, más grande aún que el Milagro en Milán de Vittorio de Sica, al derrotar 2-0 en la Supercopa de Europa al Inter. 

Por los 640 euros de un viaje de ida y vuelta en el día a Bucarest y no a Nueva York, por un estadio abandonado a su suerte en accesos y baños y que todavía es la sede en espera de lo que sucederá, una peineta a La Peineta en estos tiempos de ruina generalizada. Por juntarme con los amigos a comer un cocido madrileño, reír, cantar y celebrar antes, durante y después de la final. Por ser ya campeones sin necesidad jugar, sólo por estar, por un día inolvidablemente feliz pase lo que pase, por no trabajar ya en esto de manera que no quede vedada la felicidad de alentar sin parar como uno más. Desde Madrid, por la Plaza de toros de Las Ventas, también un pedazo de Bucarest. Por el Athletic Club, jamás sólo Bilbao, que es como de la familia. Por Bielsa, otro pedazo de entrenador como el Cholo Simeone, que, al menos, no morirá arrodillado deportivamente como anteriores. 

Por todo eso, porque gane el mejor y ya está, por un sentimiento que no es ni El Pupas ni El Infierno ni el tremendista e injusto ¿Papá, por qué somos del Atleti? Por todo eso, porque somos los reyes de la cabeza alta en la derrota y porque es una forma de vida dentro de otras muchas. Por ello, por ser minoría perdedora en cualquier parlamento, aunque nuestra camiseta sea tan cara como las de los ricos y no lleve ni publicidad conocida y sí sospechosa. Por todo, porque sólo los que lo somos sabemos que es una emoción que nos embarga sin explicación racional. Insisto. Por todo eso, gane o pierda, como suele hacer, perder, del Atleti somos y del Atleti seremos. Pese a tanto desvarío gerencial. Bendita locura, sana envidia para los demás. Haber llegado antes. Se siente. Pero de este barco no nos bajan ya. Y nos hundiremos con él porque todos somos capitanes, y no italianos. Ganando o perdiendo. Se lleva dentro. 

Gracias, Dios, por el fútbol, por el Aleti, por estas lágrimas.

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