Una Liga en apuros

La Liga BBVA continúa perdiendo nivel temporada tras temporada

Cristiano Ronaldo/lainformacion.com/ Getty Images Cristiano Ronaldo/lainformacion.com/ Getty Images

La Liga Española de Fútbol. “Liga de las Estrellas” para unos y “Liga de mierda” para otros. Competición peculiar que representa en cierta medida a la sociedad que la sustenta. Opiáceo popular de gran calado y tradición que se administra semanalmente para no saturar al hincha patrio, un hincha fiel y maltratado que alimenta al monstruo a base de sentimientos, pasión y algunos euros.

El fútbol en España es usado como pretexto en miles de conversaciones banales y como trascendental objeto de debate en infinitas tertulias de asador y debates de bar en la que los amigos juegan a ser presidentes, entrenadores y habilidosos extremos curtidos en el noble arte del regate. Una manera singular de evadirse de una certeza real y tangible. El fútbol se aleja cada vez más del aficionado.

La teoría nos dice que veinte equipos compiten durante 38 jornadas por comandar una clasificación a finales de mayo. La cruda y arisca realidad es que dicha clasificación está integrada por dos transatlánticos y dieciocho veleros de mayor o menor tamaño. Los primeros navegan desde la comodidad del que se siente seguro, sabedor que las bruscas olas parecen menores cuando la grandeza es tu mayor activo. Los otros dieciocho bastante hacen con no hundirse, y es que corren tiempos complicados en el mar del fútbol español y los naufragios empiezan a ser comunes.

La Liga del Fútbol Profesional, y por ende los clubes, hace tiempo que vendieron su alma al diablo, a buen precio eso sí. Ahora, una vez gastado el dinero del mercadeo, les parece poco. Las televisiones fijan los horarios y anteponen sus intereses a los del espectador. Quien paga manda, quien manda ejerce, y quien ejerce rara vez escucha. Viene siendo así desde hace siglos y en diferentes ámbitos de la vida, ¿por qué iba a ser diferente en el fútbol? El fútbol es negocio, aunque me duela tanto escribirlo como a ti leerlo. El seguidor ha pasado de ser un activo a ser un individuo, un número sin valor por si solo.

España, con sus éxitos de selección en la proa y con los caros y admirados maniquíes de los dos colosos en sus camarotes fortificados, mira al fútbol italiano con la displicencia del que se siente superior. La Serie A sufre recurrentes y lamentables incidentes de violencia, arrastra una crisis de identidad profunda, padece un recorte notable de calidad, ve como proliferan los escándalos sobre amaños de partidos y asiste a un escenario lúgubre de estadios semivacíos, ahora bien, que nadie se engañe, el panorama en España no es mucho mejor, ni mucho menos, por bien que la entidad bancaria que patrocina orgullosa la Liga se hinche la boca con aquello de “La mejor Liga del mundo”, un eslogan tan ambicioso como gracioso. ¿Lo es? ¿De verdad lo es? No lo creo.

Los dos tótems de nuestro fútbol cada vez son más grandes y más invulnerables, campan a sus anchas como los mafiosos lo hacen en los pueblos de Sicilia. Los recursos de los clubes pequeños cada vez son más escasos, y la clase media del balompié patrio vive atormentada por los problemas que se generan al querer recuperar la grandeza y el estatus que un día gozaron sin trazar una hoja de ruta racional. No hay paciencia y no hay dinero. Un drama.

Los estadios españoles se están vaciando progresivamente. La crisis ha hecho cambiar las prioridades para millones de españoles, y no se les puede culpar por ello. El carnet de abonado o la entrada al estadio, exhibida otrora con orgullo, ahora se cambia por una cuota de la hipoteca o una compra semanal en el supermercado de la esquina. El fútbol será pan y circo, pero el pan hay que pagarlo y cada vez cuesta más.

En Alemania puedes ver al Schalke 04 o al Borussia Dortmund por 20 o 25 euros, los estadios son nuevos, con todo tipo de comodidades, se llenan siempre y el espectador es un protagonista activo del espectáculo. Se le tiene en cuenta, se le respeta y se juega junto a él. En España se especula con el aficionado, siendo utilizado como un mero instrumento para un fin más o menos difuso.

Los partidos de la Liga que no cuentan en su cartel con el Real Madrid o el Barcelona son maltratados y vejados desde la prensa, desde las televisiones y en ocasiones desde el mismo espectador, que prefiere ver un partido de la Premier League desde el confort de su sofá. Inglaterra te asegura la intensidad y la emoción en un partido, más allá de los equipos en liza, y te saben hacer llegar el producto. Lo saben vestir. En España nunca hemos sabido vender, de hecho en Estados Unidos siguen consumiendo aceite de oliva italiano.

Barça y Real Madrid podrán convertir el agua en vino si se lo proponen, pero no dejan de ser un oasis entre la soledad, la depresión y los problemas estructurales de una Liga desigual y mal organizada que agoniza por momentos y en la que las quiebras y los concursos de acreedores serán tendencia, de forma lenta pero constante, en los próximos años.

Ayer en Bilbao, aseguraban Enric González, Juan Villoro y Jorge Valdano que el fútbol no deja de ser un reflejo de la sociedad que los sustenta, y que a través del fútbol se puede conocer la sociedad de un país. Conclusión de todo ello: los españoles y su liga están realmente jodidos.

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