Fútbol argentino: el viejo lobo de los milagros

[caption id="attachment_1398" align="aligncenter" width="430" caption="Más de 10.000 aficionados celebran la permanencia de su equipo en el centro platense. Gimnasia es de Primera de manera cuasi milagrosa."]Más de 10.000 aficionados celebran la permanencia de su equipo en el centro platense. Gimnasia es de Primera de manera cuasi milagrosa.[/caption]

Y de repente todo pareció cambiar. Por una vez, por una ocasión en la vida, la suerte se había dado vuelta. Gimnasia y Esgrima de La Plata, uno de los clubes más desafortunados de la historia del fútbol argentino, conseguía mantener la categoría contra todo pronóstico. Había perdido 3-0 el partido de ida ante Atlético Rafaela, estaba jugando mal el cotejo de vuelta en su propio estadio y, hasta el minuto 89,  tan sólo había conseguido uno de los tres goles que le hacían falta para revalidar su situación, sin contar que estaba con 9 hombres sobre el terreno de juego. Así, de un minuto a otro, contradiciendo a su propia mala fortuna histórica y la carga negativa que lo venía persiguiendo desde hace tiempo, el "tripero de la B" pasó a ser el viejo "lobo" de los milagros.

Cuesta realmente explicar lo sucedido en el estadio del bosque platense. Es difícil encontrar una situación similar en donde tensión, dramatismo, euforia y tantos otros sentimientos se hayan dado cita con tanta capacidad de ir para un lado y para el otro conforme pasaran los minutos del juego. Era sabido: permanecer en la Primera del fútbol argentino para Gimnasia era, cuanto menos, una hazaña. Tenía que remontar los tres goles que había recibido en la ida contra Rafaela y, para colmo de males, había finalizado el primer tiempo sin ser capaz de inquietar al equipo de Marcelo Fuentes. Los visitantes, conformes con mantener el cero en su valla, se defendieron inteligentemente y sin demasiados inconvenientes durante el acto inicial. Incluso hasta tuvieron algunas oportunidades de incomodar a los defensores locales. Pero todo se marchó con el cero inamovible a los vestuarios. Y con una sensación muy fuerte en las gradas: mantener la categoría sería una quimera.

Pero los milagros en el fútbol a veces hacen su aparición. ¿O cómo explicar que este equipo que fue superado futbolísticamente en los 180 minutos por un equipo de una categoría menor pudiera lograr tres goles aún jugando más que con el corazón y el alma que con la cabeza y las piernas? Lo cierto es que ese segundo tiempo quedará inequívocamente en la mente de todos aquellos, neutrales o no, que tuvieron la suerte de presenciar dicho partido. Pocas veces una mezcla de sensaciones y sentimientos tan encontrados hacen su aparición como pasó ayer en el bosque platense.

Gimnasia no encontraba su juego. Los minutos corrían y Rafaela estaba cada vez más abroquelado atrás, dejándole la iniciativa al equipo local. Ya con 10 jugadores en cada bando (tanto "Teté" González como Esteban Gil habían visto la roja en la misma jugada), el "Lobo" encontró la apertura del marcador. El gol que, a la postre, le terminó indicando el camino para hallar los dos restantes. El "Pampa" Roberto Sosa centró con más ganas que claridad, falló Capogrosso (fatal tarde del portero rafaelino) y Diego Alonso se encontró con el balón para marcar el 1-0. Todavía quedaba tiempo y, además, Atlético había evidenciado en la ida que su preparación física no era la de un equipo de Primera.

Aún así, los minutos seguían corriendo y el final parecía inexorable. Los llantos en las gradas se multiplicaban, la posibilidad de enfrentar a Boca Unidos, All Boys o Deportivo Merlo era más cercana que la de volver a cruzarse con River, Boca o Estudiantes. Mucho más aún cuando Sosa, en una actitud infantil para un jugador de su experiencia, le aplicó un duro codazo al defensor Menghi. Casualmente, esta jugada sería determinante. Cuando el lateral rafaelino estaba siendo atendido fuera del terreno de juego, llegó el 2-0 de Gimnasia. Corría el minuto 89, la visita ya no tenía piernas y estaba corroída por los nervios y apareció Franco Niell, quien a duras penas supera el metro sesenta de estatura, puso su cabeza en el segundo poste para decretar el descuento.

Obviamente, el peor escenario posible recorrió la mente de todos los hinchas "triperos": haber estado tan cerca de lograrlo y no haber podido conseguirlo. Pero, por primera vez en no sé cuanto tiempo, ese equipo perseguido por la fatalidad se convirtió en el viejo lobo de los milagros. El decano del fútbol sudamericano se quedaba con su sitio en Primera gracias a una jugada prácticamente calcada a la del segundo gol, pero con una mejor definición aún. Esta vez Niell se lanzaba en plancha y le cambiaba las intenciones al portero Capogrosso. Los jugadores de la "Crema" -y también sus aficionados- no lo podían creer: en un puñado de minutos se les habían escapado todas las esperanzas de una temporada entera. Pero tenían que estar tranquilos. Habían realizado una gran serie y habían caído ante un enorme equipo, que dejó sangre, sudor y, por supuesto, lágrimas para conseguirlo. Basta ver a los jugadores -muchos de ellos hinchas- emocionados hasta el llanto, denotando con claridad lo que habían padecido para conseguir ese objetivo.

Lo dicho: Gimnasia no merecía irse al descenso. Al menos este Gimnasia, no el que supo estar conducido por Maturana, Falcioni o el mismo Sanguinetti, quien comenzó con este proceso que Madelón consiguió encausar. Por lo hecho durante el campeonato, por el tezón y la garra que puso en el juego de vuelta, por creer siempre en sus posibilidades, a pesar de tener todo en contra para lograrlo. Incluso su propia historia, esa que habla de más malas que buenas, de definiciones increíbles que siempre se contaban por derrota, por partir en este cotejo con un resultado más que adverso, por tantas cosas más. Por eso mismo no llamó la atención el desaforado festejo de sus hinchas, que llevaron más de 10.000 personas al centro platense para vestir la ciudad de azul y blanco. Estaban celebrando mucho más que la permanencia. La euforia era totalmente comprensible: se habían quitado de encima una terrible cruz que cargaron durante todo un campeonato, en el que parecían condenados al descenso desde la primera jornada; estaban dando un grito de desahogo por todo lo sufrido en los últimos años; estaban alegres porque, por fin una vez en la vida, la suerte había estado de su lado.

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