Chelsea - Barça: San Andrés de Fuentalbilla obró el milagro

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Cuentan los libros que uno de los mejores equipos que tuviera el Club Atlético River Plate en su historia, aquel que ganara el campeonato de 1945, tenía por particularidad la de definir todos sus partidos en los minutos finales. Como apodo, aquel conjunto recibió el de "los caballeros de la angustia", dado tamaño detalle que dejaba siempre al borde del ataque cardíaco a los aficionados "millonarios" de dicha época. Está claro que este Barça no tiene nada de aquel mítico plantel en el que brillaban Pedernera, Labruna o Lousteau, entre otros. Pero sí que hubo hoy sobre el césped del Stamford Bridge un poco de la épica que caracterizaba a aquel núcleo de valientes, de los cuales se dice que tranquilamente podrían haber sido campeones del mundo si una hipotética ausencia de la Segunda Guerra Mundial lo hubiese permitido. Es realmente muy difícil de explicar lo sucedido hoy en la capital inglesa. Es que, paradójicamente, los de Pep Guardiola fueron claramente superados por primera vez en lo que va de temporada por un gran Chelsea... pero están en la final de Roma, esperando enfrentarse con el Manchester United.

El Chelsea tuvo todo a su favor desde incluso antes de que comience el partido en Stamford Bridge. Se confirmaba la baja de Henry en el Barça y, por si fuera poco, la defensa que alineaba Guardiola no era precisamente un llamado a la confianza. Touré jugando de central, Busquets de mediocentro, Keita como interior por la izquierda e Iniesta arriba. Si las bajas de Puyol y Márquez ya eran determinantes, ni hablar la de Thierry, una garantía de peligro. Si a todo eso le añadimos un golazo de antología ("a lo Zidane", leí por ahí) de Essien antes de los 10 minutos, apaga y vámonos. Ese era el triste panorama del FC Barcelona promediando la primera parte de un cotejo que, parecía, pondría fin a la participación blaugrana en esta Champions League. Es que no solamente no supo cómo suplir sus bajas, sino que los que estuvieron fueron incapaces de arrimar peligro hacia el área de Petr Cech. Más bien todo lo contrario estaba sucediendo: Drogba y compañía no paraban de causar zozobras en la defensa culé en cada una de sus intervenciones, pero el marfileño no estuvo acertivo, buscó demasiado el contacto para generar penalti (pudo haber alguno de todos los que se reclamaron) y también fue bien cubierto por Victor Valdés, que respondió siempre impecable, salvo en el gol, inatajable hasta para Lev Yashin.

Así llegaba el Barça al entretiempo. Tambaleando pero vivo al fin y con todo el segundo acto por delante. Un período en donde fue incapaz aún más de llevar peligro sobre Cech. El Chelsea, -perfectamente abroquelado, sin ceder espacios y pensando en su fútbol super vertical para matar de contra- no permitía siquiera que los confundidos jugadores blaugranas dispararan de larga distancia con algo de peligro. La jugada con Alves centrando a la cabeza de Terry o Alex fue la constante más repetida del segundo acto. Y, como para coronar lo que podía ser hasta ahí un deja vu (golazo de Scholes y afuera) de la semi del pasado año, Abidal se iba expulsado por un impresentable Tom Henning, que dio la sensación en todo momento de que el partido le quedaba demasiado grande, perjudicando alevosamente a locales y también a visitantes. El noruego se hizo el "sueco" ante cada ocasión que pudo.

¿Cómo podemos explicar entonces, y en este contexto que el Barça terminó igualando el cotejo? Es simple: porque esto es fútbol, un deporte que, afortunadamente, está muy distante de la lógica. Si el equipo de Guardiola se había encargado de dominar a sus rivales y pasarlos por arriba en más de una ocasión durante este proceso de temporada, hoy se encontraba de rodillas y a total merced de su contrincante. Hiddink y -sobre todo- sus jugadores habían dado en la tecla, anulando cualquier intento de peligro de un conjunto que había sido incapaz de siquiera acertar un remate entre los tres palos. Pero vale la pena repetirlo: esto es fútbol. Y así como todas las veces que ganó con amplio merecimiento, esta vez tuvo que apelar a la agonía, a la fé, a los santos... a San Andrés de Fuentalbilla.

Minuto 92, prácticamente la última jugada del partido. Nadie del Barça estaba en la posición donde había arrancado el cotejo, yendo sin importar el cómo. Enénsimo centro de Alves desde la banda derecha, rechace de Terry que queda largo, Essien con todo a su favor para enviarla a la grada la deja en los pies de Messi; la "Pulga" la aguanta entre tres defensores y la cede para la entrada libre de Andrés Iniesta. La red se sacude, Ashley Cole se fastidia, Guardiola corre hacia sus dirigidos como si tuviera 10 años y las caras de estupor se multiplican por miles en los palcos del Stamford Bridge. El Fútbol Club Barcelona cambiaba deja vu malo por deja vu bueno: aquel del gol de Bakero ante el Kaiserlautern para llegar a la final de Paris.

¿Mereció quedar afuera el Chelsea? De ninguna manera, acaso lo único que puede reprochársele es el hecho de no haber matado al Barcelona antes de tiempo y cuando tuvo a todo su favor, sin hacer siquiera mención alguna a los penaltis que le podrían haber pitado. Su gran error fue justamente el de haber tenido dudas en la última jugada del cotejo y no haberle perdido un poco de respeto a un rival al que tendrían que haber masacrado, porque de hecho tuvieron la oportunidad a mano. Y ya se sabe lo que sucede con esa clase de equipos cuando les perdonas...

¿Merecía el Barça perderse la final de Roma? Menos que menos. Fue clarísimamente superado por los "Blues" en la vuelta, como ellos mismos no había podido lograrlo en la ida. Pero esta vez no dependían de sí mismos, sino de lo que hiciera un rival que tranquilamente pudo haber sentenciado el cotejo pero no quizo. Esta vez no pudo aplicarse esa remanida frase de "tanto va el cántaro a la fuente..." porque el FC Barcelona prácticamente no llegó a portería. Pero está en la final y obtiene un premio por apostar a aus audacia, por creer siempre en sí mismo hasta el último minuto, por preocuparse todo el tiempo más en buscar la meta rival que defender la propia. La suerte esta vez le fue esquiva a Hiddink, un abonado a la fortuna, y le sonrió a su colega Guardiola. En definitiva, una jornada histórica para el público culé se vivió en Stamford Bridge. Ahora sólo queda un "pequeño" detalle para que se pueda añadir "el gol de Iniesta" al "gol de Belletti" y el "gol de Koeman".

LA APUESTA del día

Sevilla y Levante cerrarán la novena jornada de la Liga Santander. El duelo se jugará a las 21:00 horas en el Sánchez Pizjuán.

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